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Como perseverar en la aflicción

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Resumen prédica Pr. Miguel Núñez 24/05/2015

Siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es justo, porque vuestra fe aumenta grandemente, y el amor de cada uno de vosotros hacia los demás abunda más y más; de manera que nosotros mismos hablamos con orgullo de vosotros entre las iglesias de Dios, por vuestra perseverancia y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportáis.
(2 Tesalonicenses 1:3-5)

Todos nosotros tendremos que pasar por aflicciones, la pregunta es ¿como perseveramos en medio de la aflicción?

Podríamos decir de una manera obvia que prevalecemos porque Dios nos fortalece, pero veamos que había en el carácter de Pablo y en la iglesia de Tesalónica que les ayudaba a vencer en medio de las aflicciones:

  1. Pablo expresaba que siempre estaba dando gracias. Una de las características de la madurez cristiana es el espíritu agradecido y la ausencia de las quejas. Pablo dice que eso es lo justo delante de Dios. Necesitamos un corazón agradecido para perseverar en medio de la aflicción.
  2. La iglesia de Tesalónica era un modelo porque su fe y amor aumentaba día tras día. La fe aumenta a través de conocer a Dios. Su conocimiento produce confianza, lo cual se traduce en quietud y falta de preocupación y ese conocimiento de Dios me lleva a amar a mi prójimo. No puedo crecer en conocimiento real y práctico de Dios sin crecer en amor por el otro.

    Juan nos dice en 1 Juan 4:8 que el que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor.

    El amor por el hermano es un buen barómetro para evaluar mi crecimiento en Dios.

    “Si alguno dice que ama a Dios y aborrece a su hermano es un mentiroso.” (1 Juan 4:20)

    La fe y el amor nos mueve a la acción, el amor me permite buscar, restaurar, trabajar, no criticar al hermano, por tanto, no quedo estéril, sin frutos.

    La fe nos lleva a la quietud, la fe nos permite ver lo que el temor no nos permite, y por tanto como el temor es tan frecuente en los humanos, la fe nos permite ver lo que otros no pueden ver, por eso nos dice el autor de Hebreos que la fe es la certeza de lo que no se ve.

    En la medida que crecemos y maduramos nos preocupamos menos por las faltas de los demás, porque entendemos que Dios es quien produce el cambio en las personas, ese es un trabajo de Dios que yo no puedo hacer, esto no significa que debo dejar de amonestarlos, yo debo de hacer lo que me corresponde, pero no debo estar cargada ni preocupada, debo dejar eso al Espíritu de Dios.

    Esta iglesia creció en medio de mucha presión, oposición y persecución.

    Lo importante de conocer bajo cuales condiciones ellos crecieron es bueno porque nosotros no sabemos que tan genuina es nuestra fe hasta que no pasamos por dificultades. Muchas veces lo que la aflicción hace es que dudamos y cuestionamos a Dios, y nuestra fe se enfría. Aún el gigante Job cuando pasó por su dura prueba, se quejó y Jeremías maldice el día en que nace. Nosotros no sabemos de lo que somos capaces hasta que pasamos por la prueba, pero esta iglesia perseveró por la fe y el amor que desarrolló.

“La fe es la que me aferra a Dios cuando no entiendo y no veo, es la que cree en sus promesas. Las circunstancias nos dejan ver que estamos fuera de control, pero no fuera del control de Dios, debes recordar que Dios está contigo. El dolor es la mejor ocasión para conocer la consolación de Dios. La soledad es el momento para conocer su compañía, la carencia permite que conozcamos su provisión. Si el Dios de la bonanza, de la salud no sigue siendo el mismo Dios en la aflicción yo lo que tenía era un becerro de oro y no a Dios”
(Miguel Núñez)

3. Debo poner los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra Fe.

El amor mutuo hizo que estos creyentes se sostuvieran, animaran, consolaran y esto hacía que los ojos no estuvieran en las debilidades mutuas si no en Dios. Cuando nos concentramos en nosotros mismos, quitando los ojos de Jesús, creamos división en el cuerpo de Dios, y dejamos de amar al hermano, la estrategia de Satanás es crear la duda y crear división, esa es la debilidad de la iglesia de Dios, conoce poco a Dios, confía poco en Dios, ama poco a Dios y ama poco a su hermano, el mejor barómetro de una iglesia es el amor práctico, no es la fe con la que ora, ni la teología que tiene si no la confianza y el amor con la que vive.

“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”
(1 Juan 3:18)

En medio de la aflicción necesitamos reconocer que Dios es nuestra guía, Fortaleza, Refugio, Compañía, Sustento, Roca fuerte, Él es nuestro todo.

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Angélica Rivera de Peña es diaconisa en la Iglesia Bautista Internacional, República Dominicana, es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y tiene un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary, a través del programa Seminary Wives Institute, está casada con el pastor Joel Peña, encargado del ministerio de Vida Joven de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde Angélica sirve junto a él. Tienen dos hijos, Samuel y Abigail.