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Fortaleza en Cristo al servir en el campo misionero

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“Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció,
a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación
del mensaje y que todos los gentiles oyeran.
Y fui librado de la boca del león”
(2 Timoteo 4:17)

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
(Filipenses 4: 13)

Como misioneros enviados, Bernabé y Pablo tenían 3 principios claves a lo largo de su servicio a Cristo. Estos principios son como cualidades, como el combustible que hace correr el corazón de todo misionero, como decía Aileen en el programa “Mujer para la Gloria de Dios.”

  1. Un claro sentido de identidad personal en relación con quién es Dios. 
  2. Un sólido sentido de misión por compartir el evangelio.
  3. Un profundo sentido de propósito, enfocados en lo que es eternamente valioso, en este caso era predicar a las almas que no habían sido alcanzadas. 

Hechos 13 registra el primer viaje misionero de Pablo. Estas historias resaltan el poder de la oración y el trabajo del Espíritu Santo, iniciando cuando Pablo y Bernabé son enviados en misión desde la iglesia de Antioquía.

Este capítulo es completamente misionero y vemos a lo largo del texto, la ordenación de Bernabé y Saulo para la gran obra de evangelizar a las naciones (v.1-3), la predicación de Pablo en Chipre y la oposición del mago Elimas en Pafos, quien quiso impedir que el Procónsul Sergio Paulo oyera la Palabra de Dios. Pablo discierne que es obra del maligno, lo enfrentó, oró y quedó ciego. Al ver esto, el Procónsul “creyó, maravillado de la doctrina del Señor” (v.4-12). Llegando a Perge de Panfilia, enfrentaron un nuevo contratiempo, pero a lo interno del equipo, pues su ayudante Juan Marcos decide dejarlos y se regresa a Jerusalén (v.13). A pesar de este inconveniente, no se desaniman, siguen adelante.  En Antioquía de Pisidia, en el día de reposo, pablo toma la palabra y resume el mensaje del evangelio como el cumplimiento de las Escrituras del antiguo Testamento. Muchos judíos y prosélitos temerosos de Dios les siguieron, pero al día siguiente, cuando vieron la muchedumbre que quería oír la Palabra de Dios, los judíos, por celos, se les opusieron, rechazándolos y contradiciéndoles en todo; este hecho le permitió dejar de una vez a los judíos y concentrarse en la salvación de los gentiles, quienes “se regocijaban y glorificaban la Palabra del Señor”, creyendo los que estaban ordenados para vida eterna. Tan grande fue el rechazo de los judíos, que instigaron contra ellos a diferentes personas, hombres prominentes y mujeres distinguidas de la ciudad, y les persiguieron, expulsándoles de su comarca (v.16-50).  Pero ellos, conscientes de su misión, continuaron su viaje, “y los discípulos estaban continuamente llenos de gozo y del Espíritu Santo” (v.50-51). 

Es impactante ver cómo Dios transforma la vida de Pablo e incluso hasta le da un nuevo nombre, dejando de ser Saulo; da un giro a su vida y ahora se vuelca completamente en servir a su Salvador. Los cambios son posibles porque confiamos en el Dios Soberano, Todopoderoso y Omnisciente. En este primer viaje misionero de Pablo, vemos cómo los obstáculos se convierten en oportunidades y cómo buscan la voluntad de Dios a través de ellos. Permanecen firmes y enfocados en el gran propósito señalado por Dios.

El sentido de propósito de Pablo fue impresionante; sin importar las circunstancias, su respuesta fue siempre la de un hombre maduro en la fe. Pablo y Bernabé culminaron su trabajo en Chipre y avanzaron con firmeza e ímpetu, porque estaban convencidos de quiénes eran en Cristo.

Nadie dijo que servir a Cristo en la obra sería fácil, pero si de algo estamos seguros es que Él va con nosotras caminando en el proceso. Si Pablo se hubiera amedrentado o callado, él no tendría el privilegio de ver al Señor abrir los ojos espirituales de los gentiles. Cuando uno conoce su misión y propósito en la vida con Cristo, a pesar de las circunstancias, sigue adelante.

Su llamado a las misiones da un patrón para quienes sienten ese mismo llamado al ministerio a tiempo completo, pero que no están seguros si éste viene legítimamente de Dios.

Al estudiar la vida de Pablo, vemos tres etapas en su llamado al ministerio:

  1. El llamado: Esto describe la manera en que Dios ha llamado/dirigido/guiado a una persona al ministerio a tiempo completo. Pablo fue llamado milagrosamente (Hechos 9:3-19), pero esta manera de su llamado es la excepción, no la regla. Para la mayoría de las personas el llamado empieza con un deseo o una oportunidad de servir de alguna manera y que crece con el tiempo.
  2. La Consagración: La consagración (el apartarse para) es el tiempo que la persona usa en preparación para su ministerio. En el caso de Pablo había un período de aproximadamente 10-12 años entre su llamamiento y el principio de su ministerio a los gentiles en su primer viaje misionero. Durante ese tiempo estuvo tres años en el desierto de Arabia recibiendo enseñanzas del Espíritu de Cristo (Gálatas 1:11-17), viajó a Jerusalén, y volvió a su pueblo natal de Tarso para cuatro años más (Hechos 9:30), entonces fue reclutado por Bernabé a ir y enseñar a la iglesia en Antioquía por un año entero. Finalmente, él y Bernabé llevan comida y ayuda a Jerusalén después de una hambruna de dos años que habían experimentado en la región (Hechos 12:25). El periodo de consagración de Pablo consistía en recibir enseñanza del Señor mismo, tener intimidad con Él en oración y estudiar las Escrituras; además, enseñar en la iglesia en Antioquía, viajar y reunirse con varios Apóstoles y líderes de la iglesia y liderar un programa de benevolencia para ayudar a la iglesia en Jerusalén. 
    El tiempo de consagración es importante porque generalmente sirve para confirmar si el ministerio realmente es la vocación de uno.
  3. La comisión: La misión o ser enviado al ministerio es lo que ocurre en Hechos 13:1-3. El Espíritu Santo, por medio de la iglesia (sus líderes y maestros) encomiendan, mandan o autorizan a Pablo y Bernabé a llevar el evangelio al mundo. Esta escena nos enseña que Dios trabaja por medio de Su iglesia. El Señor llamó a Pablo en camino a Damasco, pero al momento de empezar su ministerio, Dios usa la iglesia para enviarlo, ya que no podía encomendarse a sí mismo. El punto aquí es que nadie puede designarse posiciones en la iglesia.

No hay misioneros auto- nombrados en la iglesia (ellos son capacitados por la iglesia y mandados por los líderes, bajo la guía del Espíritu Santo. (Hechos 13:1-3). Vemos que esto ocurre con Pablo y Bernabé como los primeros misioneros confirmados y mandados por la iglesia, y se continúa con este método hasta el día de hoy en la iglesia del Señor. No es un certificado de estudios o un título universitario que autoriza a una persona para ser evangelista, maestro o misionero. Es el Espíritu Santo quien separa y comisiona, luego la iglesia manda o confirma, tanto el llamado como la consagración al servicio del Señor, en y para ella, o fuera.

Al realizar nuestra misión, es vital el rol del Espíritu Santo, pues al evangelizar debemos tener la certeza de que estamos siendo dirigidas por Él, que está obrando en nosotras, ya que no se hace en nuestras propias fuerzas; y además, también obra en los que están escuchando el mensaje. Debemos orar para que nos dé iluminación, y abra el entendimiento de los oyentes.

Y vemos aquí el ejemplo de Pablo y Bernabé, cómo el rechazo y el maltrato no son una razón para darse por vencidos. Dios fortalece a sus hijos al servir en el campo misionero.  Pablo fue un fiel testigo de ello, como lo expresó en 2 Timoteo 4:17, y cuando dijo, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13).

Oremos para que Dios nos dé esa entereza, determinación y pasión por buscar las almas perdidas.

Dios les guarde sin caída.

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