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Hasta Pronto Dr. Sproul

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En cada generación, el Señor levanta a personas apasionadas por Su nombre, Su gloria, Su Palabra, Su causa y Su pueblo. En el siglo dieciséis, Martín Lutero y Juan Calvino fueron dos de esos hombres. Pero en nuestro tiempo, uno de esos gigantes de la fe, fue nuestro querido R.C. Sproul. Primero lo conocí por sus mensajes en CD’s y videos a fines de la década de 1980. La primera serie que vi fue sobre la santidad de Dios, en un fin de semana en particular y para el lunes, yo era una persona completamente diferente. Había nacido de nuevo anteriormente, pero me conmovió la profundidad y la pasión con la que R.C. Sproul enseñó sobre este tema que me invadió una sensación de asombro que permanece hasta el día de hoy. Muy frecuentemente quería escucharlo, solo para oírle orar. No había duda en mi mente de que el hombre que oía orar era alguien que conocía a Dios íntimamente y que había cautivado por su carácter. Si alguna vez hubo un hombre que me enseñó a amar el carácter de Dios, fue el Dr. Sproul. Sin él, mi vida no sería la misma.

A lo largo de los años, he escuchado innumerables horas de su enseñanza sobre teología, filosofía, apologética y cosmovisión. Cuando se trataba de la Teología Reformada, no se podía encontrar un mejor expositor o alguien con mayor pasión que la que todos encontramos en él. El conocimiento, el impacto y la difusión de la Teología de la Reforma hoy en los Estados Unidos y más allá, es claramente el resultado de su influencia. Cuando se escriba la historia de la iglesia en los años venideros, será reconocido como alguien que defendió la inerrancia de la Palabra, la pureza del evangelio y la necesidad de una adoración gloriosa.

El Dr. Sproul era un hombre de convicción y, sin embargo, tan lleno de gracia como para dejar espacio para quienes no estaban de acuerdo con él. Su conocimiento era vasto, profundo y, sin embargo, práctico a la vez. El Dr. Sproul siempre tuvo una pasión por enseñar a los laicos porque estaba convencido de que una reforma no podría ocurrir sin instruir bien a aquellos que no están en el ministerio.

Como mentor de muchos fue una combinación de inteligencia, conocimiento, sabiduría, humildad, piedad, transparencia y humor. Todos los rasgos de su personalidad y carácter me marcaron de una manera piadosa. El Dr. Sproul nunca se dejó intimidar por los dones y talentos de quienes lo rodeaban y, por lo tanto, siempre estuvo dispuesto a aplaudir y apoyar a otros dotados por Dios.

Mi último recuerdo de él, es del año pasado, 2016, cuando tuve el privilegio de entrevistarlo antes de nuestra conferencia anual, llamada “Por Su Causa”. Justo antes de la entrevista, el Dr. Sproul parecía algo cansado; pero tan pronto comenzamos a hablar de teología, su estado de ánimo cambió dramáticamente. El cobró vida y una vez más lució de mente brillante, elocuente, perspicaz y convincente. Qué rara combinación de cualidades estaba presente en este hombre de Dios. Estoy agradecido por lo que Dios le dio a nuestro amado R.C. y que él compartió con nosotros. Él será recordado como uno de los gigantes de la fe en nuestro tiempo. Su legado vive aquí abajo en la tierra y también su alma, en la presencia del Dios que amó durante todo su ministerio y que ahora ama eternamente. Gracias por ayudarme a ver a un Dios bondadoso aún en el ejercicio de Su justicia; un Dios más grande que nuestra imaginación, más trascendente que Su creación y apasionado por Su gloria.

¡Hasta pronto, Dr. Sproul!

 

 

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