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¿Es bíblico que un creyente esté de acuerdo con la pena de muerte?

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En Génesis 9:6, Dios establece que aquél que derrame la sangre de otro debería tener su sangre derramada también. Aun así, dentro del mundo cristiano, hay una división entre dos grupos que entienden este versículo de maneras distintas. Un grupo dice que la pena de muerte no debería continuar hoy en día a la luz de los principios de gracia, misericordia y perdón del Nuevo Testamento. Estas personas también señalan que la ley de Moisés fue cumplida por Cristo. Del otro lado del debate está otro grupo que entiende que la pena de muerte debe prevalecer porque Génesis 9:6 no formó parte de la ley de Moisés, de manera que cuando la ley de Moisés quedó atrás, aquellos principios que formaron las leyes de la creación permanecieron vigentes. Al igual, Romanos 13 nos habla de que el gobierno es un ministro de Dios para vengar lo mal hecho y que no lleva la espada en vano. Esta espada puede ser vista como un símbolo de justicia, pero, al mismo tiempo, es un representante de Dios para vengar lo mal hecho.

Si entendemos el alto valor que Dios le otorga a la vida humana, pudiéramos entender mejor la pena de muerte. Desafortunadamente, este no es el caso. Nuestra generación ha perdido la sensibilidad hacia la vida humana; vivimos en medio de una generación que ha aprobado el aborto y ha visto tantas películas donde ocurren tantas muertes que de manera subconsciente vamos siendo insensibilizados a todo lo que es la pérdida de la vida humana. Aún los periódicos y medios de comunicación reportan las noticias de manera tan gráfica que vemos que la muerte ya no nos impacta.  Hasta escuchar de un asesinato ya no tiene el peso o impacto que antes tenía en las personas de nuestra generación.

Consecuencialmente, por haber perdido valor a la vida humana y el entendimiento de la seriedad que tiene cometer el crimen de asesinar a otra persona, la pena de muerte nos horroriza. Esto aun cuando, a diferencia del tiempo de Moisés donde habían más de treinta pecados que podían llevar a la pena de muerte, llegar a la pena de muerte hoy en día requiere evidencia substancial de un crimen.

Debemos recordar que el ser humano es portador de la imagen de Dios, por tanto, cuando yo mato a uno, yo he atropellado la imagen de Dios, algo que Dios considera de muy alto valor. De hecho, el libro de Santiago en el capítulo 3 habla de cómo yo no debería hablar mal contra mi hermano, porque cuando lo hago estoy dañando la imagen de Dios que está en él. Eso es simplemente hablarle mal, imagínate quitarle la vida, “eliminar” la imagen de Dios en esa persona es algo que Dios mira con alto desagrado.

Por tanto, muchos de nosotros entendemos que la pena de muerte debiera continuar vigente. Hoy en día, la pena de muerte no es para ser ejercida por el individuo agraviado como lo era en el tiempo de Moisés; si alguien mata a mi esposa yo no tengo derecho de quitarle la vida a esa persona porque no tengo la autoridad delegada por Dios de hacerlo. Sino que la pena de muerte es algo para que el gobierno lleve a cabo después que los juicios debidos han sido establecidos y después que se haya establecido culpabilidad con toda certidumbre, lo cual nos evitaría los malos veredictos del pasado.

 

 

*Tomado del podcast “No es tan simple como parece” (http://integridadysabiduria.org/es-biblico-que-un-creyente-este-de-acuerdo-con-la-pena-de-muerte/)

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