Inicio Artículos Un Dios que da descanso

Un Dios que da descanso

701
0
Compartir

Abundante lluvia esparciste, oh Dios;
a tu heredad exhausta tú la reanimaste.”

(Salmo 68:9 RV 1995)

Cuántas voces podemos tener a nuestro alrededor tratando de vendernos una vida feliz, o el último producto del momento para solucionar tal o cual cosa. Vivimos en mundo lleno de falsa publicidad y de palabras bonitas, pero en el fondo carecen de solidez, de verdad, de pureza, en fin, carecen de vida. Cuando satanás engañó a Eva, vino con palabras seductoras que cargaban muerte, más Eva se dejó llevar no solo por el atractivo de la fruta sino por la mentira de “serán como Dios”.

“Y la serpiente dijo a la mujer: «Ciertamente no morirán. Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal».” (Génesis 3:4-5 NBLA)

Un discurso que hasta el día de hoy sigue usando el enemigo de nuestras almas, para hacernos creer que fuera de la verdad del Dios creador podemos llegar a ser como Dios, algo que implica mucho, pero limitémonos al atributo de ser autosuficientes, de poder estar plenas por nosotras mismas, no depender de nadie, estar dotadas con la capacidad de sentir plenitud y gozo dentro de nuestro  ser sin necesidad de nada externo que lo produzca; y la realidad es que, como criaturas de un Dios eterno, es imposible estar satisfechas fuera de Él. Aunque les hayan hecho creer a muchas, que son producto del azar, y esto les dé libertad de buscar la felicidad aquí y ahora, no trascenderán más allá de esta tierra. ¡Qué discurso más desolador éste, y lejos de la verdad!  Miles de años después,  seguimos cargando con mentiras que nos rompen, acciones que nos hieren, tristezas que cargamos sin poder encontrar un descanso. Nadie ofrece la paz que otorga el Dios Trino, el Dios que ha decidido revelarse a través de su Palabra, y nos deja ver que somos seres salidos de un Ser Admirable, lleno de propósito para nuestras vidas, dándonos identidad, valor y futuro. Cuando abrazamos esta revelación, empezamos a caminar con otra perspectiva en la vida, transparentes, sin miedo, porque hemos creído en la esperanza de un más allá glorioso.

El Dios de la Biblia está lleno de contenido, no es un concepto vacío ni místico, no es el universo, no es tierra, Él es el que es desde la eternidad: ¡Grandioso, Majestuoso, Poderoso! A Él le ha placido crear, y nos creó para alabanza de su nombre y con una asignación eterna, que es amarle y servirle; nuestra rendición a Él,  es nuestra plenitud.

Descansemos en su Palabra, hay abundante provisión para nosotras; Él manda su lluvia fresca cada día, para que podamos hacer frente a los embates de este mundo que camina de espaldas  a sus mandamientos. Él ha prometido estar con nosotras cada día, con su fuente inagotable de vida; nos reanima en nuestro cansancio, nos acompaña en nuestra soledad y se compadece de nuestras penas. Es un Dios presente, personal y vivo. ¡No estamos sin rumbo si andamos con Jesucristo!

Ten presente que nunca seremos como Dios. Jesús dice en el evangelio de Marcos 12:25:   porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como los ángeles que están en los cielos.(RV 1995)

Seremos más bien como ángeles, o sea, criaturas sujetas a su creador, viviendo la vida que desde el principio Él ideó para nosotras.

Caminemos por el camino que Jesucristo nos abrió y encontremos en Él, gracia y oportuno socorro. Tengamos fe, pero no en cualquier cosa, no en algo vago, no en un ser superior sin ordenanzas, más bien creamos y depositemos nuestras cargas en un Dios que se ha revelado a través de sus profetas bíblicos, y nos insta a vivir vidas santas porque Él es un Dios santo. Encontremos nuestro reposo en Jesús, Dios encarnado; levantemos un testimonio que sea creíble ante el mundo. Nuestro Dios es el Señor de nuestra historia y ha prometido que volverá por nosotras, no nos abandonará en un limbo existencial en el universo, sino que se presentará ante nosotras y nos sentará en su mesa. Que esta promesa sea suficiente para transitar esta tierra como Él nos ha ordenado. Encuéntrate con Él cada día, para que puedas entrar en su reposo y también a su fiesta.

Compartir
Artículo anteriorEl secreto del contentamiento
Artículo siguienteJesús, Dios y hombre
Esposa de Pedro Jiménez, madre de tres hijos. Miembro de la IBI desde el 2007. Apasionada por su Señor Jesús. En la actualidad sirve en el ministerio de los jóvenes profesionales y ministerio de mujeres de la Iglesia Bautista Internacional. Escribe también para el ministerio mujeres de esperanza de Radio TMG RD.