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Un Dios fiel, a pesar de nuestra infidelidad

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“Si somos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo”
(2 Timoteo 2:13)

La historia de Israel, el pueblo de Dios como se le conoce, es la misma historia de nosotras, ¿no les parece así? La historia de un pueblo infiel y un Dios fiel. A lo largo del Antiguo Pacto vemos las grandes proezas que el Señor hizo a favor de Su pueblo, pero repetidamente también vemos que a la menor dificultad el pueblo mostraba ingratitud e incredulidad, una y otra vez. Luego se arrepentía de su queja e incredulidad, pedían perdón y el Señor con paciencia los volvía a perdonar, ¿no te parece familiar? Claro que sí, es nuestra misma historia, la misma infidelidad, sólo que, en diferentes tiempos, diferentes personas, pero el mismo Dios Fiel.

Vayamos al libro de Éxodo al capítulo 14; en el versículo 8 dice lo siguiente: “Y el Señor endureció el corazón del Faraón, rey de Egipto, y éste persiguió a  los hijos de Israel, pero los hijos de Israel habían salido con mano fuerte”. ¿Qué estamos viendo aquí? Vemos que después que Faraón había dejado ir a los hijos de Israel, el Señor endureció su corazón, y él y su pueblo persiguieron a los israelitas. Ahora veamos la reacción de los israelitas ante esto: “Entonces los hijos de Israel tuvieron mucho miedo y clamaron al Se Y dijeron a Moisés: ¿Acaso no había sepulcros en Egipto para que nos sacaras a morir en el desierto? ¿Por qué nos has tratado de esta manera, sacándonos de Egipto?, ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: “¿Déjanos, para que sirvamos a los egipcios”? Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto” (v.10b-12). Entonces, ¿qué tenemos aquí? Un pueblo que aún después de ver la mano poderosa del Señor, estaba asustado y quejumbroso, prefiriendo volver al maltrato y esclavitud de Egipto, en vez de confiar en el Señor en medio de esas circunstancias que atravesaban.

Sigamos leyendo en los versículos 13 y 14: “Pero Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes y ved la salvación que el Señor hará hoy por vosotros; porque a los egipcios a quienes habéis visto hoy, no los volveréis a ver jamás. El Señor peleará por vosotros mientras vosotros os quedáis  callados.” ¡Wao! ¿Pueden ustedes ver la fidelidad del Señor en estas palabras a Su pueblo a través de Moisés? El Señor una y otra vez le dice a Israel y nos dice a nosotras: ¡No temas!  De hecho, es la frase que m s se repite en la biblia, está, 365 veces, o sea que hay un “No temas” para cada  día del año. ¡Qué maravilloso es nuestro Dios! Responder con tanta fidelidad a un pueblo infiel como Israel y como nosotras. En estos versículos también hay un mandato: “Estad firmes” ¿Para qué? Para ver la salvación  que el Señor haría;  también les dice, y esta parte me encanta: “El Señor peleará por vosotros mientras vosotros os quedáis  callados”. El Señor fue Su defensor, ellos no tenían la necesidad de estar discutiendo con los egipcios, tampoco de estar hablando y murmurando por la situación que estaban atravesando, ¡No! El Señor pelearía por ellos, y había una condición: que ellos se quedaran callados y que estuvieran firmes. Cuando estás pasando por una situación difícil, un momento de prueba o incertidumbre, ¿Qué haces? ¿Oras a Dios, o te la pasas pensando y hablando, o quejándote de la situación? Querida hermana, en momentos así, por difícil que sea la prueba, recuerda: El Señor es tu defensor; sea cual sea el asunto, ora; y si el Señor te manda a callar, calla;  no tienes que hablar, ni defenderte, Él lo hará, Él es nuestro Abogado Fiel.

¿Cómo reaccionamos cuando al igual que los judíos nos sentimos acorraladas y sin salida?

Al igual que Israel, a nosotras nos es  fácil angustiarnos cuando nos sentimos acorraladas y sin salida; es fácil entristecernos o enojarnos. Lo difícil es guardar la compostura, tener dominio propio y recordarle y decirle nuestra alma: Alma mía, confía en el Señor, aquiétate, enfócate en Sus propósitos, en Sus planes que son de bien y no de mal; aférrate a Su amor, refúgiate y cobíjate debajo de Sus brazos y deja que la tormenta pase, que el cielo se aclare y pare la lluvia. ¡Ten esperanza, alma mía! ¡Cobra el ánimo! Eso es lo difícil, no porque sea complicado en sí mismo, sino por nuestra naturaleza caída, que tiene tendencia a ensimismarse, a preocuparse y enfocarse en los problemas, y olvida Quién gobierna, Quién tiene autoridad sobre los vientos, para que se calmen, sobre las aguas, para que dejen de agitarse y sobre nosotras, para mantenernos en paz. Así como Él fue fiel con Israel, a pesar de su incredulidad, Él es fiel con nosotras, a pesar de que muchas veces no lo somos. Quiero regalarte estos tres versículos, uno de ellos nos recuerda que quien gobierna es el GRAN YO SOY; otro, nos exhorta a confiar en ÉL y el último, nos recuerda la grandeza de Su fidelidad, la cual no depende de nuestra fidelidad o infidelidad:

“Estad quietos, y sabed que Yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra” (Salmo 46:10).

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Ti persevera; porque en Ti ha confiado” (Isaías 26:3).

“Si somos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2:13).

Al terminar de leer el capítulo 14, desde el versículo 15 al 30, vemos cómo el Señor, con poder, libera al pueblo hebreo de la persecución de los egipcios, cómo divide el mar para que Su pueblo pase en seco, y cómo cuando Egipto intenta hacer lo mismo, el Señor trastorna los carros , quitándole las ruedas, y cuando ellos ven esto, intentan huir porque se dan cuenta que el Señor está peleando por Su pueblo, pero fue en vano su intento, porque el Señor derribó a los egipcios en medio del mar y las aguas volvieron a cerrarse en el lugar donde ellos estaban, y de todo el ejército de Faraón que entró a perseguir a los israelitas, no quedó ni uno de ellos; ¡el Señor salvó a Israel de los egipcios aquel día! ¿No te parece maravilloso nuestro Dios? ¡Él es asombroso!

Amada hermana, no sé por la situación que atraviesas, tampoco sé en qué áreas de tu vida le has sido infiel al Señor; lo que sí sé es que Él es un Dios fiel. Así como Israel no tuvo méritos para merecer la fidelidad de Dios, tú y yo tampoco los tenemos; al igual que los israelitas, hemos sido incrédulas muchas veces, quejumbrosas, ingratas e infieles. Pero, hoy quiero que le recuerdes a tu alma que Dios es fiel, y que lo es, no por tus méritos, sino por los méritos de Cristo; que no se trata de Israel, ni se trata de ti ni de mí, se trata de nuestro amado Jesús. Si a pesar de ser pecadora, luchas contra el pecado, si lo aborreces, el Señor lo toma en cuenta, y Él te sostendrá, a pesar de tus debilidades, porque Él te ama. Y quiero animarte y recordarte que no estás sola, el Señor te lleva de la mano y está comprometido contigo hasta el final, porque Su naturaleza es la fidelidad. Y finalmente, quiero regalarte este versículo, que es de gran aliento y esperanza para mí, orando al Señor,  para que a partir de ahora lo sea también para ti:

“estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6). Él comenzó la buena obra en  mí y en ti, y Él fue, es y será fiel en completarla, ¡Créelo!