Héctor Salcedo y Charbela El Hage de Salcedo • 14 marzo, 2026
El trabajo promete realización, pero produce agotamiento. Promete estabilidad, pero genera ansiedad. Promete propósito, pero deja vacíos. Esta tensión que muchos experimentan en su vida laboral no es una coincidencia ni una señal de que el trabajo en sí sea malo, sino la evidencia de que algo lo descarriló desde adentro. Ese algo fue el pecado: la rebelión humana contra Dios que fracturó no solo la relación del ser humano con su Creador, sino también la forma en que trabaja, produce y se relaciona con su labor diaria.
Génesis 3 describe con precisión lo que cambió. Antes de la caída, el trabajo era una actividad con sentido, dirigida a Dios y al bien de los demás. Después, quedó marcado por la dificultad y el dolor: espinos, abrojos, sudor. El esfuerzo que antes fluía ahora se siente como un engranaje oxidado. A esto se suma la experiencia que Salomón describe en Eclesiastés 2:17: todo parece complicado, sin sentido, como perseguir el viento. Se trabaja, se logra, y al día siguiente hay que comenzar de nuevo, con el tanque emocional vacío.
Pero el pecado no solo hizo el trabajo difícil y vacío; también lo contaminó por dentro. El egoísmo, la pereza, el robo, la mentira, la difamación entre colegas, los salarios injustos, la publicidad engañosa: todo esto es pecado en el lugar de trabajo, aunque muchos lo justifican como "así funciona el mercado". Y también distorsionó la manera en que concebimos el trabajo mismo: algunos lo convierten en ídolo, fuente de identidad y salvación; otros lo desprecian y caen en la mediocridad y el incumplimiento.
Reconocer estos efectos no es motivo de pesadez, sino de claridad. Guerra avisada no mata soldado. Entender el problema con honestidad bíblica es el primer paso para que la verdad de Dios transforme no solo la forma en que trabajamos, sino los ambientes en los que somos llamados a hacerlo.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.
Chárbela Salcedo es miembro de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, donde forma parte del ministerio de mujeres Ezer. Está casada con el pastor Héctor Salcedo y juntos tienen dos hijos, Elías y Daniel. Sirve junto a su esposo conduciendo el podcast Tu corazón y el dinero. Posee una maestría en Formación Espiritual y Discipulado del Moody Theological Seminary de Chicago.