Héctor Salcedo y Charbela El Hage de Salcedo • 8 agosto, 2023
Comprar una vivienda es una de las decisiones financieras más importantes que una familia puede tomar, pero no siempre es la decisión correcta para todos. Hay familias que encuentran más rentable invertir sus recursos en un negocio propio, en el mercado de capitales, o que sencillamente necesitan movilidad geográfica por razones laborales. Reconocer eso es el primer paso hacia una mayordomía honesta de los recursos que Dios ha puesto en nuestras manos.
Cuando la compra sí es el camino a seguir, el criterio más importante es que la primera vivienda responda a necesidades reales, no a sueños ni a apariencias. La Biblia advierte contra hacer las cosas por vanagloria, y esa advertencia aplica también a la casa que compramos. Verla como un escalón en el progreso patrimonial —no como la casa definitiva— libera a la familia de un estrés innecesario. A eso se suma la regla del 30%: la cuota del financiamiento no debería superar el 30% del ingreso del cónyuge que más gana, como protección ante un posible desempleo o imprevisto económico. Y antes de comprar, lo prudente es haber ahorrado al menos entre un 15% y un 20% del valor de la vivienda como inicial, de modo que si hay que venderla rápido, se pueda hacer sin caer en pérdida.
Finalmente, los detalles del contrato importan tanto como el precio. El plazo más corto posible ahorra intereses significativos; la diferencia de cuota entre 15 y 20 años suele ser pequeña pero los cinco años adicionales de deuda son reales. Poder amortizar anticipadamente al capital es una cláusula que vale la pena negociar. Y las tasas de interés —fijas o variables— deben elegirse según las perspectivas económicas del momento: fijarlas cuando se espera que suban, dejarlas variables cuando se espera que bajen. Cada uno de estos criterios existe para lo mismo: evitar que una decisión emocional se convierta en una carga que lastre la vida familiar durante décadas.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.
Chárbela Salcedo es miembro de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, donde forma parte del ministerio de mujeres Ezer. Está casada con el pastor Héctor Salcedo y juntos tienen dos hijos, Elías y Daniel. Sirve junto a su esposo conduciendo el podcast Tu corazón y el dinero. Posee una maestría en Formación Espiritual y Discipulado del Moody Theological Seminary de Chicago.