Charbela El Hage de Salcedo y Héctor Salcedo • 11 enero, 2022
Tener deudas que no se pueden pagar no es solo un problema financiero: es un asunto del corazón. Romanos 13:7-8 y Salmo 37:21 lo dejan claro: Dios llama a su pueblo a cumplir todos sus compromisos, sin importar si la consecuencia de no hacerlo recae o no sobre uno mismo. El problema más común no es simplemente deber dinero, sino ser selectivo en lo que se paga —honrar al banco porque puede embargar el vehículo, pero ignorar al familiar o al comercio porque no habrá consecuencias inmediatas. Esa selectividad no es responsabilidad; es egoísmo disfrazado de administración.
Antes de buscar soluciones prácticas, hay un trabajo interior que no puede saltarse: revisar qué decisiones llevaron a la situación, arrepentirse genuinamente de ellas, y dejar de esconderse. Una constante en quienes enfrentan múltiples deudas es que en algún momento dejaron de ser transparentes con su cónyuge, su consejero o sus amigos cercanos, cargando solos un peso que aplasta. Dar la cara, aun sin tener el dinero, no solo alivia la presión: es lo que corresponde.
Desde esa base, hay pasos concretos. Primero, organizarse: hacer una lista clara de cada deuda con su plazo y tasa, para saber exactamente qué montaña hay que escalar. Segundo, comunicarse con los acreedores y expresar la intención de pagar. Tercero, explorar una consolidación de deudas que permita alargar el plazo y reducir el costo. Si no es posible consolidar todo, conviene saldar primero las deudas más pequeñas o más costosas.
Dos opciones adicionales merecen considerarse: vender algún activo —vehículo, propiedad, terreno— antes de que la situación empeore, y buscar ingresos adicionales con creatividad y sin orgullo. Las cosas materiales pueden recuperarse; la credibilidad y el historial crediticio, mucho más difícilmente. Cumplir los compromisos no es solo prudencia financiera: es el testimonio de un creyente íntegro.
Chárbela Salcedo es miembro de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, donde forma parte del ministerio de mujeres Ezer. Está casada con el pastor Héctor Salcedo y juntos tienen dos hijos, Elías y Daniel. Sirve junto a su esposo conduciendo el podcast Tu corazón y el dinero. Posee una maestría en Formación Espiritual y Discipulado del Moody Theological Seminary de Chicago.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.