Miguel Núñez • 31 octubre, 2017
La iglesia evangélica latinoamericana necesita una reforma urgente. No porque el evangelio haya cambiado, sino porque la iglesia se ha alejado de él. El primer grito de esa reforma tiene que ser Sola Scriptura: la Biblia como única fuente de autoridad. Mientras las congregaciones sigan abriendo la puerta a revelaciones extrabíblicas, al evangelio de la prosperidad, al "proclámalo y recíbelo", al movimiento de "pare de sufrir", y a pastores que dicen "así dice el Señor" para proclamar sus propias imaginaciones, el problema de raíz seguirá sin tocarse. Como señalaba Martín Lloyd-Jones, todos los males de la iglesia y aún de las naciones se deben, tarde o temprano, a una desviación de la Palabra.
Pero Sola Scriptura no es el único pilar que necesita ser recuperado. Sola fide y sola gratia también están en juego. Hay quienes afirman que la salvación es por gracia pero luego exigen que se mantenga por obras, como si la perseverancia dependiera del esfuerzo humano y no de la misma gracia que salvó. La fe no es un punto de partida que el creyente luego sostiene con su conducta; es un depósito total en la persona de Jesús, quien es el único autor y dador de la salvación. Las buenas obras dan evidencia de esa fe, pero no la producen ni la sostienen.
A esto se añade la necesidad de afirmar solus Christus frente al inclusivismo que se ha colado dentro del mundo evangélico: la idea de que, aunque la obra de Cristo fue necesaria, otros pueden ser salvos a través de distintos intermediarios. La Escritura no deja espacio para esa posición. Juan 14:6, Hechos 4:12 y 1 Timoteo 2 hablan con una sola voz: fuera de Jesús no hay salvación. Finalmente, la iglesia latinoamericana necesita recuperar la soli Deo gloria, porque el Dios que se predica en muchos púlpitos existe para beneficio del hombre, no para su propia gloria, que es la razón por la que Él mismo declara que actúa. El pastor Núñez señala que este llamado tomó forma concreta en un proyecto de noventa y cinco tesis, publicado luego como libro, que convoca a la iglesia evangélica de hoy a corregir su rumbo.