Miguel Núñez • 8 diciembre, 2017
La imposición de manos es una práctica bíblica que a menudo se malentiende o se carga de significados que la Escritura no le otorga. Lejos de ser un ritual con poder sobrenatural en sí mismo, se trata fundamentalmente de un gesto simbólico que comunica realidades espirituales y relacionales concretas.
El pastor Núñez identifica al menos tres significados que la Biblia asocia a esta práctica. Primero, funciona como una forma de endoso: quienes imponen las manos están expresando visiblemente su respaldo a la persona. Segundo, en contextos de oración, el gesto comunica cercanía e intimidad, el deseo de convertirse en intermediarios entre esa persona y Dios. El pastor Núñez ilustra esto con algo que él mismo ha vivido: cuando alguien quiere decirte algo importante, a veces se acerca, te abraza y te lo dice al oído. Pudo haberlo dicho desde lejos, pero eligió la cercanía, y esa cercanía comunicó cariño, respeto y atención. Así funciona la imposición de manos en la oración. Tercero, en el caso de una ordenación pastoral, el gesto declara públicamente que la vida y el llamado de esa persona han sido examinados y que la comunidad cree en él para ese oficio.
En cuanto al pasaje donde Pablo impuso manos sobre Timoteo y este recibió un don, el pastor Núñez lo sitúa en su contexto apostólico singular, advirtiendo que hay eventos en la Biblia que son descriptivos de lo que ocurrió, no prescriptivos de lo que siempre ocurrirá. La imposición de manos no invoca poder milagroso ni confiere dones sobrenaturales de manera ordinaria. Su riqueza está en lo que simboliza: comunidad, respaldo, oración y confianza.