Miguel Núñez • 21 junio, 2017
Satanás no es el responsable de toda la maldad que existe en el mundo, aunque sí fue el agente que provocó la caída original. Desde el Jardín del Edén, cuando Adán y Eva no tenían pecado, fue él quien los llevó a pecar y por esa puerta el pecado entró a la humanidad. Pero ese hecho histórico no lo convierte en el culpable permanente de todo lo que ocurre hoy. El ser humano, con la naturaleza pecadora que ya lleva dentro, es perfectamente capaz de causar enormes daños sin necesitar la intervención directa de Satanás.
Hay una tendencia peligrosa en ciertos círculos de usar a Satanás como excusa para los propios pecados. Alguien que maltrata a su esposa puede al día siguiente decir que "el diablo lo hizo", pero la Biblia no funciona así. En todos los casos registrados en las Escrituras donde el hombre fue tentado, Dios nunca lo excusó señalando al tentador; siempre le exigió cuentas al hombre por haber cedido.
Dicho esto, la influencia de Satanás en el mundo es real y significativa, aunque cambia de forma según el contexto cultural e histórico. En Occidente, donde predomina el pensamiento intelectual, esa influencia llega principalmente a través de filosofías, sistemas de creencias y corrientes académicas que se oponen a Dios, lo cual explica el llamado bíblico a someter todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo. En culturas donde el ocultismo es más común, como en el caso del vudú en Haití, su influencia se manifiesta de manera más directa y visible. Satanás simplemente cambia de disfraz según el terreno donde opera.