Miguel Núñez • 5 diciembre, 2017
La pregunta sobre la identidad del Ángel de Jehová toca algo que el texto bíblico mismo presenta con una carga de misterio y profundidad teológica: este personaje no es un ángel ordinario, sino una figura singular que aparece en el Antiguo Testamento haciendo y prometiendo cosas que solo Dios puede hacer y prometer.
Una de las primeras pistas que ayuda a identificarle es el uso del artículo definido: no se habla de "un ángel de Jehová", sino de "el ángel de Jehová". Hay muchos ángeles, pero solo uno que lleva ese título con artículo definido. A esto se suma que, a diferencia de cualquier otro ángel en la Escritura, este personaje promete bendición en primera persona, como si la autoridad fuera suya propia. Eso solo le corresponde a Dios.
El pasaje de Jueces 13, con la visita a Manoa y su esposa, lo deja ver con claridad. Cuando Manoa le pregunta su nombre, el ángel responde que es maravilloso. Cuando asciende en la llama del holocausto, Manoa cae rostro en tierra y concluye: "Hemos visto a Dios." El holocausto mismo, que el ángel redirige hacia el Señor, termina siendo ofrecido ante su presencia. El texto no deja ambigüedad: este es una aparición de Dios mismo.
El consenso entre los teólogos ortodoxos, recogido aquí por el pastor Miguel Núñez, es que estas apariciones corresponden a Cristo Jesús en su forma preencarnada. El Padre no tiene cuerpo, tampoco el Espíritu Santo, pero el Hijo es la figura mediadora e intermediaria que vendría a encarnarse, y es esa figura la que se manifesta a lo largo del Antiguo Testamento bajo este título.