Miguel Núñez • 3 agosto, 2018
La corriente que promueve el empoderamiento femenino en la sociedad ha generado una controversia dentro de la iglesia evangélica que merece ser leída con cuidado y sin extremos. El punto de partida honesto es reconocer que, en muchas congregaciones, la mujer ha sido relegada a un lugar de poca importancia: ha ganado menos que un hombre en la misma posición, sus dones han sido ignorados, y el respaldo pastoral hacia sus ministerios ha sido insuficiente. Ese es un problema real que no debe minimizarse ni callarse.
Sin embargo, la respuesta a ese problema no puede ser simplemente adoptar el lenguaje del "empoderamiento", una palabra que se presta fácilmente a confusión y abre la puerta a distorsiones. El pastor Miguel Núñez propone un camino más preciso: hablar de respetar y reconocer a la mujer en sus dones y talentos, darle espacios de honra dentro de la iglesia, permitirle enseñar a mujeres y niños, dirigir ministerios apropiados, y recibir una remuneración justa, todo esto dentro de los límites que la Palabra establece respecto a la autoridad sobre los hombres.
Lo que agrava esta conversación no es solo la confusión teológica, sino la manera en que se está conduciendo: en redes sociales, con ataques públicos entre hermanos en la fe. El pastor Núñez llama a recordar que el enemigo no es el hermano que se equivoca, sino Satanás, quien se goza en la división. La Escritura no llama bienaventurados a los que tienen la razón, sino a los pacificadores. Los conflictos de familia se resuelven en familia, de manera privada y directa.