Miguel Núñez • 6 agosto, 2018
La depresión no es simplemente una debilidad espiritual ni una señal de falta de fe. Esta es la tensión que el pastor Miguel Núñez aborda con franqueza, hablando desde su doble formación como médico y como pastor. La pregunta no es fácil de responder con una sola categoría, porque las causas de una depresión profunda son diversas y no todas tienen el mismo origen.
Por un lado, hay circunstancias traumáticas que explican la tristeza profunda: la muerte de un hijo después de meses de sufrimiento, la pérdida repentina de un esposo, o quedar en total vulnerabilidad económica sin recursos ni preparación. El pastor Núñez señala que estas experiencias no pesan igual para todos, pues el estado de santificación, la seguridad material y el apoyo familiar hacen una diferencia real en cómo cada persona las enfrenta. Procesar las pérdidas bíblicamente ayuda, pero no garantiza que todos puedan hacerlo de la misma manera.
Por otro lado, el cerebro es un órgano que también fue afectado por la caída, y como cualquier otro órgano del cuerpo, puede disfuncionar. Los desequilibrios en los neurotransmisores son una realidad médica que explica muchos casos de depresión, de la misma manera que una disfunción del páncreas explica la diabetes. La iglesia necesita salir de la postura que reduce todo a lo espiritual. Figuras como Elías, Moisés y Charles Spurgeon experimentaron estados de profunda tristeza, y la Biblia no los condena por ello.
Lo espiritual y lo emocional se afectan mutuamente, y reconocer esa interdependencia es una señal de madurez, no de debilidad.