Miguel Núñez • 28 junio, 2018
Estamos en los últimos días. Pero esa afirmación es más amplia de lo que muchos piensan: teológicamente, los últimos días no comenzaron con las noticias de hoy, sino con la venida de Cristo mismo. Hebreos 1 lo dice con claridad: Dios habló en el pasado por los profetas, pero en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo. Esa es la era en que vivimos.
Dicho eso, la pregunta que realmente ronda en el corazón de muchos es otra: ¿cuánto falta? Y aquí la respuesta es igualmente clara: nadie puede saberlo. Ni siquiera Jesús, mientras estuvo encarnado, conocía el día ni la hora. El pastor Núñez explica que esto no fue una limitación de su naturaleza divina, sino el resultado de un acuerdo entre el Hijo y el Padre. Cristo tenía una mente humana y una mente divina, y no siempre ejerció sus atributos divinos durante su vida terrena, de la misma manera que entró al río Jordán hundiéndose como cualquier persona, aunque en otra ocasión caminó sobre el agua.
Lo que sí prometió Jesús es que la generación que preceda su venida tendrá señales suficientes para saber que Él está cerca, como quien ve brotar las hojas de la higuera y sabe que el verano se acerca. Entre esas señales: terremotos, calamidades, guerras, y la extensión del evangelio a todas las naciones, como dice Mateo 24.14. También, para quienes creen que Israel tiene un papel profético según Romanos 11, un avivamiento espiritual dentro del remanente judío sería una señal significativa.
La invitación final no es a especular con fechas ni detalles, sino a mantenerse atentos a lo que Dios ya ha prometido y a confiar en que Él cumplirá su palabra.