Miguel Núñez • 7 septiembre, 2017
La aparente contradicción entre los evangelios sobre los endemoniados gadarenos —dos en Mateo, uno en Marcos y Lucas— no es una contradicción real, sino una diferencia de enfoque entre los escritores inspirados. Cada evangelista narró el mismo evento desde una perspectiva distinta, destacando lo que consideró más relevante según su propósito, sin que eso implique error o inconsistencia en ninguno de los relatos.
Una posible explicación es que de los dos hombres endemoniados, uno tuvo una manifestación mucho más agresiva y violenta que el otro, y fue ese el que Marcos y Lucas eligieron describir. Otra posibilidad es que los dos encuentros ocurrieron en momentos distintos de la misma visita de Jesús al lugar —quizás separados por minutos o media hora— y que Marcos y Lucas relataron el primero, mientras que Mateo resumió ambos juntos.
El pastor Miguel Núñez ilustra este tipo de diferencia con un ejemplo cotidiano: si alguien se encuentra en el parque con dos personas, Pedro y María, pero su atención se centra en Pedro porque tiene años de no verlo, puede relatar el encuentro mencionando solo a Pedro. Otro testigo del mismo momento podría mencionar a ambos. Ninguno miente; simplemente cada uno enfatiza lo que le resultó más significativo. Así ocurre con los evangelistas: están hablando del mismo hecho, en el mismo lugar, con los mismos endemoniados gadarenos, pero desde ángulos distintos.
La conclusión es clara: estas diferencias no deben interpretarse como contradicciones, sino como complementos. Y aunque no es posible afirmarlo dogmáticamente, hay explicaciones razonables que permiten leer los cuatro evangelios con confianza en su coherencia.