Miguel Núñez • 29 mayo, 2018
Hebreos 4:12 habla de que la Palabra de Dios penetra y divide el alma y el espíritu, y esa frase ha llevado a muchos a preguntarse si el ser humano está compuesto de dos partes o de tres. La respuesta, sin embargo, depende menos de ese versículo en particular y más de aprender a leer cada texto dentro de su contexto. Hebreos 4:12 no está describiendo la composición del ser humano; está hablando del poder de la Palabra de Dios. Leerlo como si fuera una declaración sobre la naturaleza humana es aislar el versículo de lo que el capítulo completo está comunicando.
Para entender de qué está hecho el ser humano, hay que acudir a lo que la hermenéutica llama pasajes sedes, aquellos que más directa y extensamente tratan un tema. El Génesis es el pasaje sede por excelencia en este asunto: Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en él su aliento de vida. Dos partes, no tres: una material y una inmaterial. Alma y espíritu, además, se usan indistintamente a lo largo del Antiguo y el Nuevo Testamento para referirse a esa misma parte inmaterial que, en el caso del creyente, va a la presencia de Dios al morir.
Las emociones, que algunos ubican como una tercera parte llamada "alma" o "espíritu", no son en realidad una parte del ser humano sino una capacidad que surge cuando lo material y lo inmaterial están unidos. Del mismo modo, cuando la Escritura llama a amar a Dios con toda la mente, el corazón, el alma y la fuerza, no está enumerando partes del cuerpo humano, sino convocando a la totalidad de la persona. Saber qué está describiendo cada texto, y no solo qué dice, marca toda la diferencia.