Miguel Núñez • 22 septiembre, 2017
La pregunta de si la Santa Cena puede celebrarse en un grupo pequeño fuera del culto congregacional tiene una respuesta que no depende del lugar físico, sino de la relación que ese grupo mantiene con la iglesia local. La iglesia no son cuatro paredes, sino el conjunto de personas redimidas que siguen a Cristo, y el Espíritu Santo no habita más en un edificio que en otro. Sin embargo, eso no significa que cualquier grupo pueda administrar los sacramentos por su cuenta.
El punto central es este: el bautismo y la Santa Cena son ordenanzas de la iglesia, y como tales deben estar bajo la supervisión de una iglesia local. Si un grupo pequeño pertenece a una congregación y su liderazgo ha conocido las razones y dado su aprobación, entonces celebrar la comunión en ese contexto puede ser perfectamente apropiado. El problema surge cuando se hace al margen de esa autoridad, por razones que el pastor Núñez califica como "explicaciones humanas y baratas": preferir otro día, otras canciones, vino en lugar de jugo, o simplemente sentirse más cómodos entre sí.
Hay además un riesgo práctico que no debe ignorarse: en esos grupos pequeños pueden participar personas que no están viviendo de manera coherente con su fe, y sin la supervisión de la iglesia, nadie tiene la autoridad ni la perspectiva para discernir eso con objetividad.
La invitación final es a no alimentar el espíritu de antiautoridad tan común hoy, sino a sujetarse voluntariamente al cuerpo de Cristo y a sus líderes, confiando en que esa estructura no limita la adoración, sino que la protege.