Miguel Núñez • 9 julio, 2018
Pedirle a Dios que nos lleve en medio del sufrimiento no es necesariamente pecado. Esa es la respuesta clara que el pastor Miguel Núñez ofrece ante una pregunta que muchos creyentes se hacen en silencio cuando enfrentan una enfermedad grave o que roba toda calidad de vida. El punto no está en las palabras que se usan, sino en la actitud del corazón desde la que se elevan.
Cuando alguien agotado por la enfermedad le dice al Señor con humildad y confianza que ya no tiene fuerzas, que desea ir a estar con Él, esa es una expresión legítima del corazón que Dios puede escuchar o no según Su voluntad. No hay pecado en esa transparencia. Lo que sí constituye una actitud pecaminosa es cuando esa petición viene acompañada de ira, resentimiento o una exigencia hacia Dios por haber permitido el sufrimiento, como si Él nos debiera una explicación o una salida inmediata.
El pastor Núñez traza una distinción importante: una cosa es decirle al Señor "quiero ir contigo, estoy cansado y abatido", y otra muy distinta es reclamarle a Dios con amargura. La primera actitud puede ir de la mano con una entrega genuina: "pero si todavía tienes un propósito para mí, lo acepto, y te pido la gracia para sobrellevarlo". Esa combinación de deseo honesto y sumisión a la voluntad divina es el modelo de una oración fiel, incluso en el umbral de la muerte.