Miguel Núñez • 27 junio, 2017
¿Reconoceremos a nuestros seres queridos cuando lleguemos al cielo? La pregunta toca algo profundamente humano: el deseo de que el amor y los vínculos que hemos formado en esta vida no desaparezcan en la eternidad. Aunque la Biblia no responde esto con un pasaje directo y explícito, hay elementos que apuntan con firmeza hacia el sí.
Uno de los relatos más iluminadores es la historia de Lázaro el pordiosero y el hombre rico. En esa narración, el hombre que se encontraba sufriendo en el Hades todavía tenía conciencia de que tenía cinco hermanos en la tierra, y rogaba que alguien fuera a advertirles. Eso revela que, incluso en ese estado intermedio, hay una memoria activa de las relaciones terrenales. Además, cuando Cristo resucitó, sus discípulos pudieron reconocerlo: lo vieron cocinar pescado en la playa, lo reconocieron sentado a la mesa. Su cuerpo glorificado guardaba una continuidad con el anterior. Si eso fue así con Jesús, hay razón para creer que también lo será con nosotros.
Lejos de perder conocimiento al entrar al cielo, lo ganaremos. Eso hace aún más plausible que reconozcamos a quienes amamos. Pero surge una pregunta difícil: ¿no nos dolerá saber que algunos familiares están en condenación? El pastor Miguel Núñez responde que en la gloria recibiremos un conocimiento nuevo que nos permitirá comprender y aprobar todo lo que Dios ha dispuesto, porque su voluntad es buena, agradable y perfecta. En ese contexto, incluso esa realidad podrá ser recibida con paz.