Miguel Núñez • 29 agosto, 2017
Cuando llegamos al cielo, ¿veremos a Dios como tres personas distintas o como una sola? La respuesta descansa en algo fundamental: Dios es inmutable. Lo que Él es hoy, lo ha sido siempre y lo seguirá siendo. Dios se ha revelado a sí mismo como tres personas en una sola esencia, y esa realidad no cambiará en la eternidad. No son tres dioses, ni una sola persona con tres formas, sino un único Dios que existe eternamente como Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Es importante entender que esto no es una contradicción lógica. La ley de la no contradicción dice que dos afirmaciones opuestas no pueden ser ciertas al mismo tiempo y en el mismo sentido. Pero cuando decimos que Dios es tres personas y uno en esencia, no estamos afirmando lo mismo en dos sentidos diferentes. Son tres en cuanto a personas, y uno en cuanto a esencia. Cada persona posee plenamente todos los atributos divinos: mente, voluntad, sabiduría, emociones. No hay nada que el Padre tenga que el Hijo o el Espíritu no tengan también.
Al mismo tiempo, dentro de la Trinidad existe un orden. El pastor Núñez señala que hay una economía interna: el Padre ocupa un lugar de cabeza, y el Hijo, una vez que termine de someter a todos sus enemigos, se someterá también al Padre. Cada persona tiene funciones específicas: fue el Hijo quien murió en la cruz, y es el Espíritu quien mora en los creyentes.
En el cielo veremos a cada persona tal como se ha revelado. Y algo notable: de las tres personas de la Trinidad, la única que tiene cuerpo es Jesucristo, quien se encarnó, murió y resucitó en cuerpo. Él será a quien veremos de manera visible, como nosotros somos, mientras recordamos al Espíritu como quien nos dio vida nueva y al Padre como el Padre.