Miguel Núñez • 10 noviembre, 2017
La herencia de la Reforma no quedó sepultada en el siglo XVI. A lo largo de los siglos siguientes, Dios ha levantado pensadores y pastores que han sostenido y transmitido esa misma teología con fidelidad y profundidad, y conocerlos es una responsabilidad de quienes hoy se benefician de su legado.
Entre las figuras más destacadas de esa cadena se encuentra Jonathan Edwards, a quien la misma Enciclopedia Británica —una fuente secular— reconoce como el pensador más grande que Estados Unidos haya producido. Su sermón "Pecadores en la mano de un Dios airado", predicado por primera vez en una iglesia que no era la suya, provocó tal convicción en los oyentes que muchos cayeron al piso llorando. Junto a él, George Whitefield marcó el primer Gran Avivamiento como evangelista de mente teológica prodigiosa. Charles Spurgeon, con más de cuatro mil miembros en su congregación durante los años 1800 en Inglaterra, siguió esa misma línea reformada con una elocuencia que le valió el título de "la lengua de oro" de su época.
Acercándonos a nuestros tiempos, Francis Schaeffer dejó una marca profunda en el pensamiento cristiano del siglo XX, influyendo incluso en hombres como R.C. Sproul, quien siendo joven fue a visitarlo. El pastor Núñez destaca a Sproul como quizá la figura que más ha traído al tapete la teología reformada en los últimos treinta años en el mundo occidental. A ellos se suman John MacArthur, D.A. Carson, John Frame, Wayne Grudem y Albert Mohler, todos formando una tradición viva que sigue moldeando la iglesia en nuestros días.