Miguel Núñez • 22 mayo, 2018
Esperar a un esposo no significa encerrarse en casa ni cruzarse de brazos, pero tampoco significa buscar pareja con desesperación. La verdadera espera es un estado interior de paz, confiando en que Dios obra a su tiempo y tiene propósitos específicos para cada persona, sea a los 22 o a los 40 años.
Cuando se habla de "tomar iniciativa", el pastor Núñez distingue entre dos cosas muy distintas. Una cosa es cultivar amistades genuinas con personas del sexo opuesto, participar de la comunidad cristiana local y agrandada, y dejar que Dios obre dentro de esos círculos relacionales. Otra cosa muy diferente es visitar iglesias ajenas porque "dicen que hay muchos jóvenes solteros", o ir a un concierto cristiano pensando en encontrar pareja en vez de adorar a Dios. Lo primero es sabio; lo segundo revela una motivación equivocada que desplaza la soberanía de Dios.
En el fondo, el problema es la desesperación. La cultura suele presionar a la mujer con el miedo a "quedarse jamona", como si la soltería fuera una falla o una pérdida. Pero casarse no es una necesidad como el aire o el alimento, sino un deseo bueno y legítimo. El apóstol Pablo y muchos otros vivieron solteros o esperaron largos años, y aun así pudieron glorificar a Dios plenamente en ese estado.
La invitación final es clara: no desperdicies tu soltería lamentándote. Úsala para glorificar a Dios, pertenece a tu comunidad cristiana, y confía en que Él hará aparecer, a su tiempo, a quien puede ser tu compañero o compañera de vida.