Miguel Núñez • 28 agosto, 2017
¿Habla Dios audiblemente hoy como lo hacía en los tiempos de la Biblia? La respuesta es no, y entender por qué importa profundamente para la vida de la iglesia. En el Antiguo Testamento, Dios habló de manera audible en un contexto muy específico: una teocracia donde Él se comunicaba directamente con su pueblo a través de los profetas, quienes transmitían su palabra al pueblo y a los reyes. Ese proceso de revelación fue avanzando y completándose a lo largo de los siglos, hasta que Cristo llegó como la revelación final y definitiva de Dios, y los apóstoles terminaron de poner por escrito todo lo que Él inspiró para la edificación de su iglesia.
Hoy esa revelación está cerrada. La palabra de Dios ha sido completada, y Dios gobierna a su iglesia y a sus creyentes por medio de ella. Deuteronomio 29.29 lo deja claro: las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros descendientes, pero las cosas secretas le pertenecen a Dios. Lo que no está en la Biblia no es nuestro. Si Dios siguiera revelando cosas nuevas, tendríamos que seguir editando la Biblia indefinidamente.
El peligro de creer lo contrario es real y concreto. Cuando un pastor se para frente a su congregación y dice "el Señor me dijo" o "Dios me dio una visión", nadie se atreve a cuestionarlo, porque si Dios ha hablado, ¿quién puede contradecirlo? Así es como enseñanzas no bíblicas entran con autoridad absoluta en la iglesia. La Biblia es suficiente, y esa suficiencia es precisamente lo que nos protege.