Miguel Núñez • 15 diciembre, 2017
Nadie conoce el día ni la hora del regreso de Cristo —eso lo dice la Biblia con claridad—, pero esa incertidumbre no significa que no haya nada que discernir. El pastor Miguel Núñez sostiene que, aunque la fecha exacta del fin de la era permanece en manos de Dios, la generación actual sí puede reconocer señales de que algo está llegando a su punto de quiebre. Así como Cristo enseñó que los frutos de la higuera anuncian que el verano se acerca, hay indicios visibles para quienes saben leerlos.
Lo que el pastor Núñez propone no es una fecha ni una profecía sensacionalista, sino una lectura sobria de la historia y la cultura. Para ilustrarlo, recurre al pensador inglés Malcolm Muggeridge, quien identificó las características que preceden el colapso de los grandes imperios: un aumento de la inmoralidad, una cultura de entretenimiento que ha agotado todas sus posibilidades, el aburrimiento de una humanidad que lo ha probado todo sin encontrar satisfacción, y sistemas de impuestos cada vez más complejos como síntoma de economías en deterioro.
Esas señales no son antiguas —son el retrato de hoy. La sociedad occidental vive rodeada de abundancia y, sin embargo, está vacía. El trabajo ha perdido su propósito. La gente vive del fin de semana al fin de semana, sin entender que la labor cotidiana es un regalo de Dios cargado de significado.
El pastor Núñez concluye con una convicción personal: cree que él mismo podría llegar a ver el colapso de la civilización occidental tal como la conocemos. No como profeta, sino como observador de una era que, como el Imperio Romano en el siglo V, ya no tiene las estructuras morales para sostenerse.