Miguel Núñez • 29 noviembre, 2017
La pregunta parece sencilla, pero esconde una confusión que afecta profundamente la manera en que muchos creyentes interpretan la realidad: ¿puede Satanás bendecir a alguien? La respuesta depende enteramente de lo que se entienda por "bendición". Si la palabra se usa en su sentido bíblico, la respuesta es no. Satanás no puede bendecir a nadie porque las bendiciones vienen únicamente de Dios, y toda bendición verdadera conduce al bien en el sentido más profundo de esa palabra.
Lo que Satanás sí puede hacer es prosperar a una persona económicamente, ayudarla a conseguir lo que sus deseos reclaman, incluso facilitarle caminos que parecen favorables. Pero todo eso no es bendición, es maldición. Satanás nunca ha tenido un pensamiento bueno, nunca ha actuado con intención buena, y su naturaleza está tan completamente corrompida que todo lo que ofrece lleva un mal escondido detrás. Lo que hizo con Adán y Eva es el ejemplo más claro: les ofreció ser como Dios, y al final del camino vinieron el juicio y la esclavitud.
Para ilustrar esto, el pastor Núñez cuenta cómo los esquimales solían cazar osos: enterraban un cuchillo cubierto de sangre congelada. El oso, atraído por el olor, comenzaba a lamer lo que creía era alimento, sin darse cuenta de que el mismo cuchillo le cortaba la lengua. Saboreaba su propia sangre. Así opera Satanás: envuelve el instrumento de destrucción en algo que parece deseable, y la víctima lo abraza sin ver el filo.
La diferencia entre una bendición real y una trampa disfrazada no siempre es visible al inicio del camino. Por eso importa tanto reconocer que bendición no es lo que satisface el deseo humano, sino lo que Dios otorga porque conoce cuál es el mejor curso de acción y adónde debe llegar cada vida.