Miguel Núñez • 24 abril, 2017
La pregunta de si la psicología es compatible con las Escrituras no admite un sí o un no categórico. Responder sin matices es correr un riesgo innecesario, porque la verdad está en los detalles. La psicología no es una ciencia en sentido estricto; observa el comportamiento humano y extrae conclusiones, y en ese sentido puede aportar cierto conocimiento. Pero ese aporte tiene límites muy claros cuando se compara con lo que la Palabra de Dios puede hacer en la vida de una persona.
El pastor Núñez ilustra esto con los cuatro temperamentos que la psicología describe: el colérico, el sanguíneo, el flemático y el melancólico. Cada uno carga con debilidades particulares —crueldad, festejo irresponsable, egoísmo, crítica— que en el fondo son formas de pecado. La psicología puede identificar esos patrones y sugerir cambios conductuales, pero esos cambios no duran. La persona tarde o temprano vuelve al mismo lugar. Solo la Palabra de Dios puede transformar la manera de pensar del hombre, y cuando el pensamiento cambia, cambia también el comportamiento. Como lo dice el autor de Proverbios: tal como el hombre piensa, así es él.
Hay que distinguir también entre psicología y psiquiatría. Cuando hay trastornos mentales por disfunciones cerebrales, los medicamentos y la intervención médica tienen su lugar. Pero cuando hablamos de consejería para el alma, la pregunta central es si la Palabra necesita apoyo de la sabiduría humana. La respuesta es no. Quien tiene la Palabra, el Espíritu y pastores fieles tiene todo lo necesario para recibir el consejo más sabio, más piadoso y más transformador que existe.