Miguel Núñez • 14 agosto, 2018
La Biblia dice mucho y a la vez dice poco sobre cómo será el cielo. Apocalipsis 21 y 22 ofrecen las descripciones más detalladas: un cielo nuevo y una tierra nueva, la nueva Jerusalén descendiendo como una novia preparada para su esposo, y Dios mismo declarando que hace nuevas todas las cosas. Ese cielo será un lugar de gozo, plenitud y paz, donde veremos a Cristo tal como Él es, donde no habrá llanto, ni dolor, ni muerte.
Una de las ideas más liberadoras que el pastor Núñez comparte es que el cielo no será simplemente un coro eterno e interminable. Si bien habrá cánticos, reducir la eternidad a eso no parece coherente con lo que la Biblia revela sobre Dios. El propio Jesús dijo que su Padre trabaja, y Él también. El trabajo no fue una consecuencia de la caída; Dios ya le había dado responsabilidades a Adán y Eva antes de que el pecado entrara al mundo. Eso sugiere que en el cielo también habrá responsabilidades, y que cumplirlas será parte del gozo de vivir en la presencia de Dios.
El pastor Núñez también reflexiona sobre una imagen que le resulta fascinante: que quizás la nueva creación se parezca al estado en que existían los ángeles antes de que el mundo material fuera creado, esa dimensión en la que cantaban mientras Dios formaba el universo. Con cuerpos glorificados, ya no necesitaremos el universo material como lo conocemos hoy. Cómo será exactamente, nadie lo sabe. Pero lo que sí es cierto es que aburridos no estaremos.