Miguel Núñez • 30 julio, 2018
Hay personas que asisten fielmente a la iglesia, cantan, se bautizan y parecen creyentes ante los ojos de todos, y sin embargo no lo son. Eso es precisamente lo que el apóstol Juan señala en 1 Juan cuando describe a quienes "salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros": no se trata de personas que simplemente cambiaron de congregación, sino de quienes eventualmente apostatan, niegan la fe que aparentaban tener y adoptan un estilo de vida completamente alejado del evangelio.
La ilustración más poderosa de esto es Judas. Estuvo en la última cena, recibió el lavado de pies, fue enviado junto con los demás discípulos, y probablemente participó de los mismos milagros que ellos. Era tan indistinguible del resto que cuando Jesús anunció que uno lo traicionaría, ninguno sospechó de él. Esa es exactamente la realidad que Juan describe: hay quienes pueden comportarse como cristianos durante mucho tiempo sin serlo verdaderamente.
El pasaje de Hebreos 6 apunta al mismo grupo. Habla de personas que fueron iluminadas, que probaron la buena palabra de Dios y participaron de las obras del Espíritu, y que aun así cayeron. Para ellos, dice el autor, ya no hay posibilidad de arrepentimiento, porque todo lo que podía conducirlos a él ya fue puesto delante de sus ojos y lo rechazaron deliberadamente.
Esta realidad no es exclusiva de las grandes iglesias. El pastor Miguel Núñez señala con honestidad que en cualquier congregación, incluso en la suya, es probable que haya personas en esa condición. Como lo resume una frase sencilla pero profunda: no son todos los que están, están todos los que son.