Miguel Núñez • 13 abril, 2018
¿Cómo se educa y corrige a alguien que nunca hace nada malo? Esa es la tensión real detrás de la pregunta sobre cómo María crió a Jesús. La respuesta es que María hizo lo que cualquier madre judía fiel habría hecho: enseñarle la ley de Dios tal como la conocía. Lo llevó al templo al octavo día para ser circuncidado, cumplió con los sacrificios establecidos, oró con su familia. Crió a Jesús en la disciplina y amonestación del Señor, aunque sin saber del todo a quién estaba criando.
Porque ahí está el punto más delicado: María probablemente entendía que su hijo era el Mesías prometido, pero la plena comprensión de que Jesús era Dios encarnado es algo que quizás no tuvo sino hasta después de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo fue dado a la iglesia y trajo nuevo entendimiento sobre la revelación ya existente. La claridad teológica que nosotros tenemos hoy sobre la encarnación no era necesariamente la que ella tenía desde el principio.
Y aunque María lo tuvo relativamente fácil con Jesús, no ocurrió lo mismo con sus otros hijos. El pastor Miguel Núñez señala que los hermanos de Jesús no creyeron en él: en un momento le desafiaron a mostrarse públicamente, y en otro fueron con María pensando que había perdido la cabeza. Para ilustrar la tensión que pudo haberse vivido en ese hogar, el pastor Núñez evoca la historia de José y sus hermanos, y el celo que genera convivir con alguien que siempre actúa perfectamente.
Al final, todo lo que la ley requería, Jesús lo cumplió, no porque María se lo exigiera, sino porque para eso vino: a cumplir la ley. María lo educó en la ley, sin saber que estaba educando al autor de esa misma ley.