Miguel Núñez • 20 abril, 2018
La expresión "descubrir la desnudez" en Levítico 18.7 no tiene que ver con ver físicamente desnudo a un padre o a una madre, algo que puede ocurrir de manera completamente inocente al cuidar de un familiar enfermo. Su significado real apunta a algo mucho más grave: la relación sexual. Entender esto correctamente libera a los creyentes de una culpa innecesaria y abre el camino para interpretar con fidelidad lo que Dios está prohibiendo en ese pasaje.
El argumento se construye desde los propios textos de Levítico. El versículo 18.6, que precede al que genera la pregunta, ya conecta el hecho de "llegarse a una pariente próxima" con el de "descubrir su desnudez", sugiriendo una relación íntima. Pero es Levítico 20.11 el que lo deja sin margen de duda: "Cualquiera que yaciere con la mujer de su padre, la desnudez de su padre descubrió." El lenguaje de yacer y el de descubrir la desnudez resultan ser expresiones paralelas que describen el mismo acto.
La gravedad de esta prohibición se ilustra en dos episodios concretos. En el Antiguo Testamento, las hijas de Lot embriagaron a su padre y tuvieron relaciones con él; ese pecado dio origen a dos pueblos paganos que se convertirían en enemigos persistentes de Israel. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo ordena expulsar de la iglesia de Corinto a un hombre que convivía con la mujer de su padre, tratando el asunto con una severidad que refleja cuán abominable es esta conducta ante los ojos de Dios.
Quien hoy cuida de sus padres con ternura y dignidad, aunque eso implique atenderlos en su vulnerabilidad física, no tiene nada que temer de este texto. La prohibición no los alcanza.