Miguel Núñez • 24 marzo, 2017
Acumular tesoros en el cielo no es tan sencillo como suena, y muchos creyentes pasan la vida sin entender realmente a qué se refería Jesús cuando lo dijo. En Mateo 6, Cristo no está hablando de un depósito celestial de riquezas materiales que algún día nos entregarán como recompensa. Está planteando una tensión fundamental: la mayoría de las personas vive trabajando, ahorrando y protegiéndose para el aquí y el ahora, sin considerar que todo lo que acumulan en esta tierra es temporal, se gasta, y al final lo dejan atrás cuando mueren. Lo que no se invierte en el reino de Dios, simplemente no tiene continuidad.
El contexto del pasaje es importante. Jesús habla de las aves que no se angustian por su sustento, porque el Padre las provee. Le recuerda al oyente que nadie, por más que se preocupe, puede añadir una sola hora a su vida. Y concluye con ese llamado claro: buscar primero el reino de Dios y su justicia, confiando en que lo necesario será añadido. En ese marco, acumular tesoros en el cielo significa orientar la vida hacia lo que verdaderamente vale: predicar el evangelio, discipular a otros, evangelizar, promover la causa de Cristo.
La recompensa que Dios tiene para quienes viven así no son riquezas materiales ni coronas literales. Son bendiciones que Él tiene reservadas —llamadas coronas en la Biblia— para quienes trabajaron fielmente en su nombre. Como señala el pastor Núñez, Dios tiene memoria de lo que sus hijos han hecho para su gloria, y esa recompensa será permanente, inapropiable, eterna. Si algo no tiene valor eterno, es eternamente inservible.