Miguel Núñez • 11 diciembre, 2017
La afirmación de que Israel es el "reloj profético de Dios" no viene de la teología reformada, sino principalmente de la teología dispensacional, que distingue a Israel y la Iglesia como dos pueblos separados con planes distintos. Según esta visión, Israel nunca ha recibido el cumplimiento completo de las promesas territoriales que Dios le hizo a Abraham, ni ha reconocido a su Mesías, por lo que se esperaría que, conforme los tiempos finales se acerquen, las piezas relacionadas con Israel vayan encajando como un rompecabezas profético.
El pastor Núñez no se identifica como dispensacionalista, pero tampoco descarta el rol singular de Israel en la profecía. Apoyándose en Romanos 11:25–26, señala que habrá un tiempo en que la nación recibirá al Mesías, posiblemente en un gran avivamiento, aunque aclara que la palabra "todo" en el Nuevo Testamento frecuentemente alude a todo tipo de persona y no necesariamente a cada individuo sin excepción. Desde su perspectiva, el judío que se convierte no pertenece a una familia distinta ni a un plan diferente al de los gentiles creyentes: todos forman parte del mismo pueblo de Dios.
Lo que sí resulta innegable, incluso observando la historia, es que Israel regresó a su tierra después de casi diecisiete siglos de dispersión, conservando su idioma, su cultura y su identidad sin mezclarse. El pastor Núñez ve en ese fenómeno la mano de Dios obrando. Incluso hoy, los judíos ortodoxos celebran la Pascua dejando una silla vacía para el profeta Elías, esperando su aparición antes de la venida del Mesías, tal como anuncia Malaquías 4. Israel sigue construyendo expectativa hacia ese momento, y esa espera, dice el pastor Núñez, no puede ignorarse al hablar de los tiempos finales.