Miguel Núñez • 21 noviembre, 2017
La advertencia del libro de Apocalipsis sobre añadir o quitar a su profecía, ¿es exclusiva de ese libro o abarca toda la Biblia? La respuesta parte de una pregunta más profunda: ¿por qué Dios hace esa advertencia en primer lugar? No es porque Apocalipsis sea un libro especial en sí mismo, sino porque representa la revelación de Dios. Y eso es exactamente lo que representan los otros 65 libros de la Biblia también.
La palabra de Dios no es un texto separado de su autor. El pastor Núñez señala que el Salmo 138.2 declara que Dios exaltó su palabra y su nombre por encima de todo. Si la palabra de Dios lo representa, si es coexistente con él, entonces distorsionarla en cualquier libro equivale a distorsionar a Dios mismo. No hay diferencia entre alterar el Apocalipsis, el Evangelio de Mateo o el Génesis: las consecuencias son las mismas, porque el daño es el mismo.
Lo que está en juego es la imagen que la gente se forma de Dios. Quien distorsiona la Escritura termina con un Dios que no es como Dios verdaderamente es, con una ley que no es la que Dios dio, y con una revelación que ya no puede salvar ni guiar. Por eso el pastor Núñez señala con claridad que quien predica el evangelio de la prosperidad no enfrentará consecuencias menores que quien altera el Apocalipsis, pues en ambos casos se está dañando lo que Dios reveló para el bien del ser humano.
Esta enseñanza es, en el fondo, un llamado a una reverencia profunda frente a la Biblia completa. Interpretar la Palabra con fidelidad no es una opción académica; es una responsabilidad delante del Dios que se ha revelado en ella.