Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 31 octubre, 2020
Actuar con impulsividad en lugar de esperar la dirección de Dios tiene consecuencias reales y dolorosas, como lo vivió Moisés cuando mató a un egipcio y tuvo que huir al desierto de Madián. Pero esas consecuencias no son el fin de la historia, porque Dios es capaz de redimir incluso los años que parecen perdidos. Los cuarenta años que Moisés pasó junto a un pozo, solo y sin rumbo aparente, fueron precisamente el tiempo que Dios usó para quitarle el orgullo aprendido en los palacios de Egipto y formarle un carácter humilde, enseñable y dependiente de Él.
La imagen de Moisés sentado junto al pozo resuena con la advertencia de Jeremías 2:13, donde Dios reprocha a su pueblo haber abandonado la fuente de agua viva para cavar cisternas agrietadas. Confiar en la educación, la inteligencia o la experiencia propia —sin importar si se tienen muchos estudios o ninguno— es exactamente eso: una cisterna que no retiene el agua. El orgullo, como señalaron las maestras del programa, no lo fabrica la universidad; viene de fábrica, del corazón humano caído.
Lo que Moisés aprendió en el desierto fue que esconder el error no lo borra, que los caminos de Dios son no solo diferentes sino mejores que los propios, y que la verdadera sabiduría no es acumular conocimiento sino saber el cómo y el cuándo que solo Dios puede revelar. Una ilustración personal lo ancla con fuerza: Lili Astudillo compartió cómo al llegar a Louisville sin pertenencias, Dios fue proveyendo desde muebles encontrados hasta una camioneta vendida por un dólar, confirmando que el Dios de Moisés sigue siendo el mismo hoy.
Dios nunca rescata para devolver a las personas al punto donde estaban, sino para llevarlas más lejos de lo que imaginaban. Moisés no llegó a ser faraón, pero nadie recuerda al faraón que tomó su lugar; generaciones enteras siguen aprendiendo del hombre que Dios formó en el desierto.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.