Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 3 octubre, 2020
Dios nunca desperdicia el tiempo que dedica a moldear el carácter de sus hijos, aunque desde nuestra perspectiva limitada ese tiempo parezca perdido. La vida de Moisés lo ilustra con claridad: sus 120 años se dividen en tres etapas de 40 años cada una. Durante los primeros 40 creyó ser alguien importante, criado en la corte del faraón con la mejor educación del mundo antiguo. Los siguientes 40 los pasó en el desierto pastoreando el rebaño de su suegro, aparentemente olvidado, mientras Dios deshacía su orgullo y trabajaba profundamente en su carácter. Solo entonces, con más de 80 años, estuvo listo para liderar a Israel. Como señaló Dwight Moody, Moisés aprendió primero que era importante, luego que no era nadie, y finalmente descubrió lo que Dios puede hacer a través de un don nadie.
Este principio tiene aplicación directa en la vida de cualquier creyente. Todos comenzamos la fe con un primer amor intenso que nos hace creer que podemos resistirlo todo por nuestras propias fuerzas. Pero Dios, en su sabiduría, permite caídas y temporadas de espera que revelan nuestra dependencia real de Él. El peligro está en alejarse poco a poco de la Palabra, la oración y la congregación —algo que la pandemia agravó— llenando la mente de cosas que no edifican y actuando como si fuéramos autosuficientes, cuando la voluntad de Dios es que seamos totalmente dependientes de Él.
La obediencia fiel en lo cotidiano y anónimo también forma parte de ese proceso. Las madres que hacen un alto en su vida profesional para invertir en sus hijos, los creyentes que sirven tras bastidores sin reconocimiento, los que esperan un llamado que tarda en concretarse: ninguno de ellos está perdiendo el tiempo. Filipenses 1:6 sostiene esta confianza con convicción plena: el que comenzó la buena obra en nosotros la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.