Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 17 octubre, 2020
La vida de Moisés no fue una serie de accidentes, sino el despliegue cuidadoso de un plan soberano. Desde el momento en que Jocabed colocó a su hijo en una cesta sobre el Nilo hasta el día en que ese mismo niño fue entregado como hijo adoptivo a la princesa egipcia, Dios estuvo orquestando cada detalle. El precio fue alto para una madre: entregar a su hijo amado a una familia de otra cultura, otra religión y otros valores, sin saber si volvería a verlo. Y sin embargo, esa entrega dolorosa fue el camino por el que Dios formó al hombre que liberaría a su pueblo. El Salmo 139 resuena aquí con toda su fuerza: ningún embarazo, ninguna circunstancia adversa, escapa a los ojos de Aquel que entreteje la vida desde el vientre materno.
Moisés creció en el palacio más poderoso del mundo antiguo, educado en astronomía, filosofía, derecho y tácticas militares, con un futuro como próximo faraón asegurado. Y sin embargo, al cumplir 40 años, sintió en su corazón el llamado a identificarse con sus hermanos hebreos. El problema no fue ese llamado, sino la manera en que respondió a él: mató a un egipcio, lo escondió en la arena, y huyó como prófugo. Lo que Dios quería no era solo obediencia al llamado, sino obediencia en la forma y en el tiempo que Él había establecido.
Aquí late la lección central de este episodio: Moisés sabía que Dios le estaba llamando a liberar a su pueblo, pero se adelantó. No esperó la confirmación divina, actuó desde sus propias emociones e impulsos, y el resultado fue desastroso. El hecho de que tuvo que esconder lo que hizo es en sí mismo una señal reveladora: cuando una acción no puede caminar abiertamente en la verdad, es señal de que no viene de Dios.
Caminar con el Señor exige aprender a escuchar su voz, controlar la ira, y sobre todo esperar su tiempo. Nuestro peor saboteador no está afuera, está adentro. Como señalan las conductoras, solo el Espíritu Santo puede capacitarnos para responder con paciencia y gracia donde nuestra carne querría tomar el sartén por el mango y hacer nuestra propia justicia. La vida de Moisés nos invita a ser mujeres —y creyentes— que caminen de la mano con Dios, no delante de Él.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.