Aileen Pagán de Salcedo • 11 octubre, 2025
¿Es posible que una persona con un historial de ira pecaminosa experimente, aunque sea una vez, una ira verdaderamente justa? La vida del rey Saúl responde que sí, y esa respuesta trae tanto esperanza como una advertencia seria. Saúl es conocido sobre todo por sus celos hacia David, por arrojarle lanzas a su propio hijo Jonatán, y por dejar que la envidia y el temor gobernaran su corazón. Su ira, en casi todos los casos, no nacía de la justicia de Dios sino de su propio ego herido: le molestaba que David recibiera más reconocimiento, que Jonatán lo amara, que otro tuviera el brillo que él quería para sí.
Sin embargo, en 1 Samuel 11, cuando Naaz el amonita amenazó con sacarle el ojo derecho a cada habitante de Jabés como señal de deshonra sobre todo Israel, Saúl reaccionó de manera completamente distinta. El Espíritu de Dios vino con poder sobre él, y su ira en ese momento fue justa: surgió de un pecado real que violentaba al pueblo de Dios, estuvo enfocada en el reino de Dios y no en sí mismo, y lo llevó a actuar con obediencia y hasta con misericordia, negándose a matar a quienes habían dudado de su liderazgo.
La diferencia entre el Saúl envidioso y el Saúl de 1 Samuel 11 no estaba en su temperamento, sino en con quién caminaba en ese momento. Cuando actuó impulsado por sus propios deseos y celos, estaba caminando con el diablo; cuando se sometió al Espíritu de Dios, pudo responder con sabiduría y justicia. Esa misma dinámica opera en nosotras: la ira que honra a Dios no es algo que se conquista de una vez, sino que requiere escudriñar el corazón continuamente, preguntarse qué la motiva y a quién está impactando, y detenerse a pedirle a Dios cómo proceder antes de reaccionar.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.