Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 27 diciembre, 2020
Vivir conforme a la medida de Dios implica aceptar que las pruebas, el dolor y los tiempos de espera no son accidentes ni señales de abandono divino, sino el fuego refinador con el que Dios purifica a sus hijos. Así como el metal expuesto a temperaturas extremas deja aflorar sus impurezas para que el refinador las remueva, Dios permite que las aflicciones saquen a la superficie los pecados escondidos de nuestro corazón —aquellos que ni nosotras mismas podemos ver con claridad— para purificarnos y hacernos mejores reflectores de su gloria. Malaquías 3:2–3, Isaías 48:10 y Proverbios 17:3 tejen juntos este hilo: Dios es el refinador, nosotras somos el metal, y el fuego siempre tiene propósito.
La vida de Moisés lo ilustra con una honestidad que consuela. Cuarenta años en el desierto sin escuchar una palabra de Dios, despojado de sus conexiones, su educación, su orgullo y sus ambiciones. Todo lo que antes era su muleta fue quitado —no para destruirlo, sino para que dependiera únicamente de Dios. Cuando finalmente Dios lo llama desde la zarza ardiente y le da la misión de liberar a Israel, Moisés responde con humildad genuina: "¿Quién soy yo?" Y es precisamente ahí donde Dios puede obrar, porque Moisés ya no confiaba en sí mismo.
La tentación más común es adelantarse a Dios confiando en las propias fuerzas, como Moisés lo hizo años atrás al matar al egipcio. Pero el llamado de Dios no es una invitación opcional: es un llamado a la obediencia total, cuerpo y alma, a pesar de las circunstancias y aun cuando lo que Él pide parezca ilógico. Isaías 14:27 lo afirma con contundencia: nadie puede frustrar lo que el Señor ha determinado.
El desafío final es personal: ¿estamos buscando a Dios con todo el corazón, dispuestas a entender lo que Él quiere enseñarnos en medio de cada prueba? O, como el pueblo de Israel en el desierto, ¿seguimos en quejadera, incapaces de ver su mano? La pandemia, el sufrimiento, los cambios que duelen —todo está bajo el control de un Dios soberano que nos ama y trabaja para nuestro bien.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.