Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 24 diciembre, 2016
El nombre Emmanuel —Dios con nosotros— no es simplemente un título navideño; es una declaración que desafía todo lo que la razón humana puede contener. En la encarnación, el Dios Todopoderoso, aquel que creó todas las cosas y por quien todo subsiste, decidió hacerse tan vulnerable como para pasar nueve meses en el vientre de María y nacer en un pesebre porque no había lugar para Él en el mesón. Esa imagen no es solo conmovedora; es una señal: así como no había espacio en el mesón, tampoco hay espacio para Cristo en el corazón humano hasta que se le recibe como Salvador personal.
Las paradojas de la encarnación son profundas e imposibles de agotar. La luz del mundo nació en la oscuridad. El pan de vida tuvo que ser alimentado. Aquel que viste a las aves del cielo tuvo que ser vestido por manos humanas. El que limpia el pecado tuvo que ser bañado por una madre falible. María, una judía piadosa que crecía con la convicción de que nadie puede ver el rostro de Dios y vivir, tuvo que cargar, alimentar y criar al Dios eterno. No porque Dios lo necesitara, sino porque Él, en su soberanía, eligió entrar así a la historia.
La vida perfecta de Jesús también confronta una de las excusas más antiguas de la humanidad: culpar las circunstancias por el pecado. Si Jesús vivió treinta y tres años en este mundo con todas sus dificultades y no pecó, entonces las circunstancias no son la causa de nuestras caídas. El problema está dentro de nuestros propios corazones. Esta realidad nos llama a dejar de señalar hacia afuera y a humillarnos ante Aquel que sí venció.
Emmanuel no es un personaje del pesebre que se queda en diciembre. Él es el Elión, el Adonai, el Creador de todo. Y la Navidad es la invitación a experimentarlo no como decoración cultural, sino como una presencia viva y personal que transforma la manera en que pensamos, actuamos y criamos a nuestros hijos.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.