Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 7 noviembre, 2013
Ser ama de casa no es una opción menor ni una señal de fracaso: es una vocación que Dios mismo describe y valora en su Palabra. Proverbios 31.27 llama a la mujer a vigilar la marcha de su casa y a no comer el pan de la ociosidad, y ese doble mandato —activa en lo doméstico, alejada de la pereza— recorre todo el capítulo. Desde el versículo 13, que habla de trabajar con agrado, hasta el 18, que dice que su lámpara no se apaga de noche, la imagen es la de una mujer que administra con sabiduría, cuida el presupuesto, organiza la alimentación y supervisa el hogar aunque tenga ayuda. La presentadora comparte que cuando dice "soy ama de casa" muchas le responden "ah, entonces no trabaja" — y esa reacción revela cuánto ha distorsionado la cultura el valor de ese rol.
La ociosidad no es solo descanso excesivo: es desobediencia. Proverbios 6 usa a la hormiga como modelo — un animal sin jefe ni superior que prepara su alimento en verano — para interpelar al perezoso. Tito 2 añade que las ancianas deben enseñar a las jóvenes a ser hacendosas en el hogar, "para que la palabra de Dios no sea blasfemada". No cuidar bien la casa no es simplemente un descuido: es una contradicción pública del evangelio.
Vigilar la casa también significa proteger a quienes viven en ella. Las presentadoras señalan que los niños de hoy están expuestos a influencias que antes no existían — redes sociales, videojuegos cargados de violencia, programas televisivos que invierten los roles que Dios diseñó. Una ilustración concreta lo resume bien: una estadística que muestra que muchos niños pasan apenas 25 minutos por semana en interacción cercana con su padre, frente a 25 horas de televisión. Ese desequilibrio explica mucho de lo que ocurre en las familias y en la cultura.
La respuesta no es la culpa sino la gratitud. Limpiar los platos quejándose o hacerlo dando gracias a Dios por tener familia, casa y alimento es una decisión que se toma cada día. El trabajo del hogar, sostenido en la oración y en la Palabra, se convierte en el lugar donde se forja el legado que una madre deja a sus hijos y, a través de ellos, a las generaciones que vienen.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.