Aileen Pagán de Salcedo • 22 noviembre, 2025
El miedo no es simplemente una emoción incómoda: cuando crece de manera desproporcionada y sin fundamento, se convierte en un síntoma de desenfoque espiritual. Esa es la tensión central que este episodio de Mujer para la Gloria de Dios plantea al inaugurar su nueva serie "Cuando el Temor Desactiva Mi Fe". La Biblia distingue entre el temor reverente a Dios, que debe cultivarse, y el miedo humano que paraliza y lleva al pecado. No es casualidad que las Escrituras exhorten a no temer más de 365 veces, una para cada día del año, porque Dios conoce la fragilidad de nuestra condición caída.
La vida de David ilustra esta tensión con una claridad poderosa. El mismo joven de 16 años que enfrentó al gigante Goliat sin armadura y con cinco piedras, confiando plenamente en que "la batalla es del Señor", fue después el mismo hombre que, huyendo del rey Saúl, mintió al sacerdote Ahimelec, tomó la espada de Goliat y se presentó ante el rey filisteo de Gat, la ciudad natal del propio Goliat. Sin mencionar a Dios en ningún momento, terminó fingiendo estar loco para salvar su vida. El desenfoque espiritual no solo nubla el juicio; lo embrutece por completo.
Lo que separaba al David valiente del David aterrado no era la magnitud del peligro, sino el objeto de su mirada. Cuando sus ojos estaban puestos en el Dios de los ejércitos, actuaba con una valentía sobrenatural. Cuando los bajó hacia sus propias circunstancias y recursos, cayó en el mismo miedo que había despreciado en los demás. Aun así, la gracia de Dios lo sostuvo y lo restauró, porque Dios permanece fiel aunque nosotros fallemos.
La exhortación final es sencilla y urgente: saturar la mente con la verdad de Dios para que, cuando el temor llegue, el recuerdo de sus promesas y su amor produzca valentía. Como afirma Isaías 41:10, Dios mismo promete estar con nosotras, esforzarnos y sustentarnos. El perfecto amor de Dios echa fuera todo temor, y ese amor no cambia aunque nuestro enfoque sí lo haga.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.