Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 10 marzo, 2018
Haber recibido un perdón inmenso e inmerecido no garantiza que lo extendamos a quienes nos ofenden. Esa es la tensión que plantea la segunda parte de la parábola de los dos deudores, en Mateo 18. Un siervo acumuló con su rey una deuda impagable, imposible de saldar incluso con toda su familia vendida como esclavos. Sin embargo, el rey no le dio simplemente más tiempo, sino que tuvo compasión de él y le perdonó todo. Esa compasión, lejos de quedarse en un sentimiento, se tradujo en una acción concreta: la deuda fue cancelada por completo y sin condiciones.
Lo que hace tan perturbadora esta parábola es lo que ocurre inmediatamente después. Al salir, ese mismo siervo encontró a un consiervo que le debía una cantidad minúscula en comparación, y lo ahogaba exigiéndole que pagara. El consiervo suplicó con exactamente las mismas palabras que el siervo había usado ante el rey, pero no recibió misericordia. La analogía es directa: cada creyente ha sido perdonado de una deuda con Dios que jamás habría podido pagar, y sin embargo sigue siendo capaz de retener el perdón ante ofensas incomparablemente menores. Las palabras de Jesús en Mateo 6:15 lo hacen explícito: quien no perdona a los hombres, tampoco recibirá el perdón del Padre.
El perdón, nos recuerda esta enseñanza, no es solo una obligación espiritual sino también una liberación personal. Cuanto más tiempo se tarda en perdonar, más profundas crecen las raíces de amargura, y más daño se hace a uno mismo. Perdonar como Cristo perdonó es, además, un testimonio ante el mundo y ante la propia comunidad de fe. Cuando los creyentes retienen el perdón, el nombre de Dios es ensuciado y Satanás aprovecha la desunión. La fuente de poder para lograrlo no está en la voluntad propia, sino en permanecer en Cristo, quien obra en sus hijos tanto el querer como el hacer.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.