Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 13 enero, 2018
Dios ha plantado su viña, ha preparado a su pueblo y espera fruto de quienes ha llamado. Esa es la imagen central que Jesús presenta en la parábola de los labradores malvados, registrada en Marcos 12. Lo que hace este texto tan poderoso es que no es una historia nueva: los líderes religiosos judíos la reconocieron de inmediato porque Jesús estaba retomando la profecía de Isaías 5, escrita siglos antes, donde Dios ya había descrito a Israel como una viña que solo produjo uvas silvestres. Al escuchar la parábola, los escribas y fariseos comprendieron que Cristo los estaba señalando directamente a ellos, y por eso procuraron prenderle.
Los siervos enviados por el dueño de la viña representan a los profetas del Antiguo Testamento, quienes sufrieron rechazo, maltrato y muerte a manos de los mismos líderes que debían guiar al pueblo hacia Dios. Isaías predicó por cincuenta años sin ser escuchado y fue asesinado. Zacarías fue matado dentro del propio templo. Jeremías, apedreado. El patrón es devastador: cuanto más clara la Palabra, más violenta la resistencia.
El hijo enviado al final es el Mesías, Jesucristo. Su muerte no fue una derrota ni una sorpresa para Dios, sino el cumplimiento de un plan trazado antes de la fundación del mundo. La parábola revela que el rechazo de los líderes judíos no frustró el propósito de Dios, sino que abrió la puerta para que la viña fuera entregada a otros: los gentiles, y en última instancia, a todos los que crean en Cristo sin importar su trasfondo.
El llamado final que emerge de esta parábola es personal y directo: así como los líderes religiosos fueron juzgados por no producir fruto, cada creyente hoy, que también es parte de un real sacerdocio según 1 Pedro 2:9, tiene la responsabilidad de llevar la luz de Cristo a un mundo en tinieblas. El estándar es la santidad, y el juicio es más severo para quienes más conocimiento han recibido.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.