Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 11 noviembre, 2017
Dios dedicó solo dos capítulos para describir la creación del mundo, pero catorce capítulos para describir el tabernáculo. Esa desproporción no es accidental: habla del peso que Dios mismo le da a la redención. El tabernáculo no era simplemente una estructura religiosa del pueblo de Israel en el desierto; era una imagen viva de Jesucristo, el lugar donde Dios habitaba en medio de su pueblo y señalaba hacia el único camino de acceso a Él.
Cada elemento del tabernáculo apunta a Cristo con una precisión asombrosa. La madera de acacia representaba su humanidad; el oro, su divinidad. La única entrada al atrio, orientada al este, declaraba que solo hay un camino al Padre. El altar de bronce, donde se sacrificaban los animales, prefiguraba la cruz donde Cristo sería el Cordero sin defecto que quitaría el pecado del mundo de una vez y para siempre. La fuente de bronce recordaba que nadie puede acercarse a Dios ni ministrar en su nombre sin haberse lavado primero, sin haber confesado el pecado y humillado el corazón.
Dentro del lugar santo, la mesa del pan de la presencia señalaba a Jesús como el pan de vida; el altar del incienso, a su intercesión continua como Sumo Sacerdote; y el candelabro de oro puro, a Él como la única luz del mundo. Una de las conductoras compartió cómo, al estudiar esto, una mujer le confesó que no estaba alimentándose solo de Cristo, sino de otras fuentes. Ese deslizamiento silencioso es la advertencia del programa: sin que nos demos cuenta, Jesús deja de ser el centro.
El campamento organizado alrededor del tabernáculo lo decía todo: Cristo debe ser el centro de cada área de la vida, no solo en la iglesia o en la oración, sino en el consultorio, en el hogar y en cada decisión cotidiana. Vivir conscientes de su presencia no es un sentimiento; es una realidad que transforma cómo servimos, cómo pensamos y cómo nos acercamos a Él.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.