Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 12 agosto, 2017
La humanidad tiene una tendencia profunda a construir su propio nombre, su propia seguridad y su propio reino, ignorando el llamado de Dios a llenar la tierra y extender su gloria. Eso es exactamente lo que ocurrió en Babel: los descendientes de Noé, en lugar de dispersarse y obedecer el mandato divino, se establecieron en Sinar y decidieron edificar una ciudad y una torre famosa. No era solo ambición constructiva; era rebelión deliberada contra Dios, impulsada por el orgullo y la falsa seguridad de vivir juntos lejos de su voluntad. El pecado de Babel no es antiguo ni distante; suena exactamente como el presente, porque el corazón humano sigue poniendo más valor en la fama, la comodidad y la productividad mundana que en lo que glorifica el nombre de Dios.
La respuesta de Dios fue confundir las lenguas y dispersar al pueblo, no por temor a lo que pudieran lograr, sino en misericordia, para evitar que llegaran al mismo nivel de corrupción total que precedió al diluvio. Incluso el nombre "Babel", que en otras culturas significaba "puerta hacia Dios", quedó marcado para siempre como confusión, un recordatorio de que ninguna torre construida por manos humanas llega donde Él está.
Sin embargo, Dios respondió a la rebelión con gracia. Mientras Nimrod buscaba fama y poder sin dejar descendencia memorable, un hombre ordinario de familia pagana recibió un llamado extraordinario: Abraham, descendiente de Taré, llamado a dejar todo y caminar hacia lo desconocido. Dios mismo prometió hacerlo grande, engrandecer su nombre y bendecir por medio de él a todas las familias de la tierra, todo lo que Babel quiso tomar por la fuerza, Dios lo ofreció gratuitamente a quien confió en Él.
La pregunta que queda resonando es personal: ¿estamos edificando nuestro propio nombre o el de Dios? El llamado no es solo para Abraham, sino para cada creyente que entiende que este mundo no es su hogar y que la gloria verdadera, eterna y trascendente pertenece únicamente a Dios.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.