Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 21 junio, 2025
Es muy fácil leer el Antiguo Testamento y preguntarse cómo el pueblo de Israel no podía ver la mano de Dios en medio de todo lo que Él estaba haciendo por ellos. Pero esa facilidad para juzgar a los judíos revela algo incómodo: nosotros actuamos de la misma manera, y en cierto sentido peor, porque contamos con la revelación completa de Dios, el ejemplo del Mesías y la morada del Espíritu Santo. El corazón humano, como dice Jeremías 17:9, es engañoso y sin remedio, y esa condición no desaparece automáticamente con el conocimiento bíblico si no lo aplicamos a nuestra propia vida.
El pueblo de Israel en el desierto codiciaba el pasado distorsionado: recordaban el pescado y los melones de Egipto, olvidando convenientemente que eran esclavos oprimidos con dura servidumbre. Esa misma distorsión aparece cuando los diez espías regresaron de Canaán atemorizados, mientras Caleb y Josué, viendo exactamente la misma tierra y los mismos gigantes, concluyeron que podían conquistarla. La diferencia no estaba en lo que vieron, sino en la perspectiva desde la cual lo evaluaron: los diez miraron con ojos terrenales; Caleb y Josué sabían que la pregunta decisiva era si Dios estaba en medio del asunto.
Esa misma tensión vive hoy en decisiones concretas: mandar a los hijos a instituciones de valores paganos por garantizar un futuro lucrativo, o aceptar trabajos que comprometen los principios cristianos, siempre bajo justificaciones disfrazadas de piedad. La codicia que habitaba en el corazón de Israel habita también en el nuestro, y cuando la dejamos gobernar, el resultado inevitable es insatisfacción, murmuración y alejamiento de Dios. La verdadera satisfacción, la que perdura, solo viene de una relación íntima con Él, sostenida por la certeza de que todo lo que vivimos aquí es temporal y que Él está orquestando cada circunstancia para nuestro bien.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.