Catherine Scheraldi de Núñez, Mayra Beltrán y Aileen Pagán de Salcedo • 15 agosto, 2020
Correr bien la carrera de la fe no es un acto de voluntad humana; es el resultado de mantener los ojos fijos en Jesús, quien es a la vez el autor y consumador de esa misma fe. Este es el corazón de Hebreos 12, y el punto de partida del episodio: la gran nube de testigos que menciona el texto no son espectadores celestiales que nos observan desde arriba, sino vidas que dan testimonio de que Dios puede sostener a su pueblo en medio de cualquier adversidad. Estudiar a José cuando necesitamos perdonar, o a Abigail cuando enfrentamos una relación difícil, no es simplemente aprender de ejemplos humanos, sino reconocer la capacidad que Dios dio a quienes confiaron en Él.
Jesús mismo es el testimonio supremo. Ninguno de los héroes del capítulo 11 sufrió tanto como Él, y sin embargo soportó la cruz con los ojos puestos en el gozo que vendría, tal como el Salmo 16 lo había anunciado siglos antes. Ese enfoque en lo que no se ve es precisamente lo que el autor de Hebreos quería recuperar en sus lectores, judíos convertidos que, acosados por la persecución y el rechazo de sus propias familias, estaban tentados a mirar atrás.
La disciplina que Dios permite en la vida de sus hijos no es señal de abandono, sino de amor paternal. La palabra griega paideia abarca corrección, formación y cuidado integral, y el pasaje usa la palabra "hijos" repetidamente para subrayar esa intimidad. Las aflicciones son como el entrenamiento extremo del atleta: duelen, pero fortalecen los músculos espirituales. Una de las participantes lo ilustra desde su propia experiencia deportiva: cuando el enfoque está puesto en la meta, el dolor del entrenamiento se vuelve soportable.
La queja, en cambio, es la respuesta que más claramente delata nuestra falta de confianza en la soberanía de Dios. Decirle a Dios que las cosas no deberían ser como son es, en el fondo, creer que nosotras sabemos mejor que Él. Por eso el llamado del programa es invertir en el conocimiento de la Palabra: no para acumular información, sino para desarrollar convicciones tan arraigadas que, cuando llegue la adversidad, la fe sea la respuesta natural antes que la queja.
Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría.
Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Viuda de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional.
Aileen Salcedo es psicóloga egresada del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con un Diplomado en Consejería y una Maestría en Terapia Familiar. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI), donde forma parte del cuerpo de consejeros y del equipo del Ministerio EZER. Aileen ha caminado con Cristo por más de 25 años y está casada con Gregory Salcedo, con quien tiene tres hijos.