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No olvidemos

2009
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Hola. Les saluda Pepe Mendoza. Todos nosotros hemos vivido de diferentes maneras esto que esta sucediendo alrededor del mundo con la pandemia.

Seguro que cada uno de nosotros tiene un testimonio particular de la forma en que lo está enfrentando, las preocupaciones que está viviendo, las circunstancias que tiene que enfrentar cada día.

Eso también nos ha tocado de manera particular a nosotros como familia. Nosotros vinimos a la ciudad de Orlando aquí en Florida para una conferencia, la conferencia de Ligonier Ministries. Vinimos por nueve días. Tres días para la conferencia y los otros días para para pasear y estar aquí con la familia.

Gracias a Dios estamos los tres juntos. Sin embargo, las circunstancias cambiaron. La conferencia se canceló. Luego se cerraron las fronteras. Empezó el período de cuarentena y la historia de nuestras vidas cambió junto con eso. A eso hay que añadirle el hecho de que Erika pasó por una emergencia médica y tuvo que ser operada de apendicitis, lo cual generó en nosotros una nueva situación, una nueva circunstancia difícil en medio de la dificultad que nosotros ya estábamos viviendo.

Bueno, la operaron, tuvo su proceso de recuperación y ahora han pasado ya más de cuarenta días y todavía seguimos aquí en Orlando esperando por la posibilidad de volver a casa, tratando de enfrentar esta circunstancia de la mejor manera posible.

Yo creo que aunque podría sonar grande o podría sonar terrible, la verdad es que el Señor es bueno y para siempre es su misericordia. Yo creo que en circunstancias como éstas, nosotros estamos escuchando tantas cosas a nuestro alrededor. Yo estoy recibiendo tantas preguntas acerca de si son los últimos tiempos o los primeros tiempos, imágenes de profecías, de volcanes, de destrucción y de muerte.

Lo cierto es que la realidad que nosotros estamos enfrentando es una realidad en donde, como dice la Escritura, nuestra mayor preocupación no tiene que ver con el hecho de que nosotros descubramos señales de los tiempos, sino que el Señor nos dijo en Su palabra bienaventurado aquel que cuando yo venga lo haya velando. Eso significa que no se encuentra en las circunstancias en las que nosotros podemos estar de acuerdo con el propósito de Dios para nuestra vida, sea lo que esté pasando a nuestro alrededor. Yo creo que eso es importante porque, finalmente, los tiempos y las sazones le pertenecen al Señor y Él sabe exactamente el día de su retorno y ese retorno está asegurado de manera tajante en la presencia de Dios y no por las circunstancias que se mueven a nuestro alrededor.

Lo cierto es que ha habido un pasaje que ha estado moviendo mi corazón todo este tiempo y que he estado recordando de una manera permanente, porque yo creo que es una exhortación para momentos difíciles. El Salmo 103 dice,

“Bendice alma mía al señor
y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice alma mía al Señor
y no olvides ninguno de sus beneficios”.

Yo creo que esto es algo que ustedes seguramente ya me han escuchado en otras oportunidades. Es algo que tiene que ver con una disciplina espiritual, una disciplina espiritual a que yo he denominado “arengarnos a nosotros mismos”. Yo creo que todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, tenemos que llamarnos la atención de manera personal y eso es algo que los salmos hacen continuamente. Llamarle la atención a nuestra propia alma, y en este caso el salmista dice “Bendice alma mía a Jehová” como un imperativo. Tomamos la decisión de bendecir al señor, de reconocer su grandeza. Tomamos la decisión de bendecir al Señor y de no olvidar ninguno de sus beneficios.

Yo creo que estos tiempos nos llevan a mirar tantas veces “el vaso medio vacío” que nos olvidamos de las bendiciones del cuidado permanente de Dios sobre nuestras vidas, aún cuando pasemos por el valle de sombra de muerte porque, como dice el salmista, no temeremos mal alguno porque el Señor está con nosotros. El valle sigue siendo oscuro. Las dificultades son permanentes, pero el Señor tiene cuidado de nosotros. Por lo tanto, no olvidemos ninguno de sus beneficios.

¿Cuáles son esos beneficios? Recuerda las veces que el Señor te ha perdonado porque

“Él es quien perdona todas tus iniquidades.
él es que sana todas tus enfermedades”.

El recordar el testimonio de Dios sobre nuestras vidas no es tratar simplemente de ver a Dios diferente en el día de hoy, sino de reconocer toda la historia de redención que tenemos en nuestro propio corazón y en nuestro propio testimonio. Yo creo que es fundamental en estos días recordar quién es Dios en perspectiva. En la perspectiva del plan de Dios y la Escritura, en el hecho de que Él es el Alfa y el Omega, el que creó los cielos y la tierra, y el que pondrá a cielo y tierra nuevos al final de los tiempos conforme a su promesa. Pero también recordar las promesas cumplidas, las oraciones respondidas, los tiempos de gracias sobre nuestras vidas, la Sangre de Cristo derramada sobre nuestros pecados, las nuevas oportunidades cada día.

Yo creo que este es un tiempo de reflexión, pero es un tiempo para llamarle la atención a nuestra alma y decir una y otra vez

“Bendice alma mía al Señor
y no olvides ninguno de sus beneficios”.

¡Qué el Señor les bendiga!